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Debate de Presupuestos en Comisión

8 octubre, 2009

COMPARECENCIAS DE PERSONALIDADES Y FUNCIONARIOS DE LA ADMINISTRACIÓN DEL ESTADO, AL OBJETO DE INFORMAR SOBRE TEMAS RELATIVOS AL PROYECTO DE LEY DE PRESUPUESTOS GENERALES DEL ESTADO PARA EL AÑO 2010.

— DE LA SEÑORA SUBSECRETARIA DE CULTURA (DEL PALACIO TASCÓN). A PETICIÓN DE LOS GRUPOS PARLAMENTARIOS SOCIALISTA Y POPULAR EN EL CONGRESO.

La señora PRESIDENTA: A continuación, por el Grupo Parlamentario Socialista tiene la palabra el señor Torres Mora.

El señor TORRES MORA: Gracias, señora subsecretaria, en nombre de mis compañeros y compañeras del Grupo Parlamentario Socialista, por comparecer esta mañana para dar cuenta de los presupuestos del Ministerio de Cultura para el ejercicio de 2010.

Son unos presupuestos que la ministra González Sinde definía ayer mismo como austeros, equilibrados y solidarios con todos los sectores. Es esto lo que espera mi grupo de los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año: austeridad, solidaridad e iniciativa.

Esas son las cualidades que se nos exigen en un momento de crisis económica global, de verdadera recesión, como el que está viviendo el planeta. Es este sin duda el lugar para hablar de las causas de la crisis, de las razones por las que los presupuestos no pueden ser tan holgados como a todos nos gustaría. Es este el lugar para hablar de cómo una verdadera superstición ideológica sirvió de coartada a la expansión sin freno de algunas de las peores características de la condición humana como son la codicia o la cortedad de miras. Es este el lugar, pero no es el momento.

Este es el momento de responder de manera inteligente y solidaria —que es una forma de ser inteligente— a las dificultades que padecemos. No tengo la menor esperanza de que las élites que crearon las condiciones de esta crisis nos vayan a sacar de la misma, ni de grado ni a la fuerza. Ni me pienso sentar a esperar que quienes más se han beneficiado en los tiempos de bonanza se responsabilicen ahora de la solución. Exijo que paguen más. Pero sé que no lo pueden pagar todo. Quizá la mejor justicia es la que salva al mundo. Por eso, aunque este es el lugar, no es el momento de ajustar cuentas del pasado sino del futuro.

Durante años he visto a las élites de esta capital dolientes por la unidad de España, especialmente preocupadas por la solidaridad de los del norte y los del sur, de los del este y de los del oeste, de los de Barcelona y de los de Madrid. Ahora tenemos la oportunidad de pensar en la unidad de España de otro modo: podemos pensarla como el país que une a los ricos con los pobres, a los que tienen empleo con los que no tienen empleo, a los que atraviesan con holgura la crisis con los que la viven de una manera asfixiante. No veo esta misión como una penitencia de los que más contribuyeron a producir este estado de cosas, sino como un honor al que estamos llamados todos, también el mundo de la cultura, el mundo de la producción cultural, el de la industria de la creación.

Decía el clásico que si la espada es corta lo mejor que puede hacer el soldado no es quejarse sino adelantar un paso en el combate. Eso es lo que nos toca hacer ahora y eso es lo que hacen de manera más que razonable los presupuestos que nos envía el Gobierno este año. Es verdad que este año dispondremos de un presupuesto algo más corto en Cultura, disponemos de casi 870 millones de euros, un 6 por ciento menos que el presupuesto que se presentó en esta Cámara hace un año y un 11 por ciento menos del que aprobamos.

Comprendo que si comparamos el nuestro con el presupuesto de otros ministerios o con otras actividades podemos salir favorecidos o perjudicados por la comparación. Por algo dicen que las comparaciones son odiosas: quizá porque nunca son del todo justas. Los que estamos ligados al mundo de la cultura somos más sensibles a la importancia de la misma, somos más conscientes de sus necesidades y de sus posibilidades, exactamente igual que los que están ligados a la industria, a la defensa o a la sanidad. Por curiosidad y por formación profesional he de decir —quizá con humildad por deformación profesional— que he consultado la última encuesta de política fiscal del Centro de Investigaciones Sociológicas. En ella se pregunta si están bien cubiertas presupuestariamente algunas áreas de gestión del Gobierno. Las personas entrevistadas consideraban que áreas como la protección del medio ambiente, la seguridad ciudadana, la enseñanza, la Seguridad Social y las pensiones, la sanidad, la justicia y la vivienda estaban peor cubiertas que la cultura.

Canta Serrat que uno de su calle le ha dicho que tiene un amigo que dice conocer a un tipo que un día fue feliz. Lo cierto es que casi nunca nadie tiene exactamente lo que le gustaría; pero no es por la comparación con el presupuesto de otros ministerios, sino por las tareas que tiene encomendadas el de Cultura, como podemos medir la validez de este presupuesto. Por ello, en la consideración de mi grupo el presupuesto que presenta el ministerio es un presupuesto suficiente y, lo que es igual de importante, bien orientado; bien orientado en la dirección de fortalecer las industrias culturales, en la dirección de la promoción del acceso de los ciudadanos a la cultura; bien orientado en la realización de manera efectiva de la difusión de las culturas de España y bien orientado hacia la optimización y la modernización de la propia gestión del ministerio. Ninguno de estos objetivos se puede conseguir en un año: estos presupuestos no son para la eternidad, son para un año. Pero el año 2010 será un año ganado para la consecución de dichos objetivos, y eso en el contexto en el que estamos es un logro.

Este presupuesto no va a dejar caer ningún proyecto vital, un poco más ajustados quizá, pero los programas que se venían realizando seguirán llevándose a cabo. Las instituciones que dependen del ministerio seguirán realizando su función y algunas hasta podrán aprovechar la crisis para mejorar su patrimonio. Para conseguirlo, este presupuesto ha debido hacer un ejercicio de rigor en dos partidas: las que tienen que ver con las infraestructuras culturales y las que tienen que ver con las subvenciones nominativas. Ambas decisiones nos parecen razonables a los diputados y las diputadas del Grupo Parlamentario Socialista. Muchas obras se presupuestan y no se realizan por razones muy diversas; mejor recortar aquellas partidas de dudosa ejecución que las que van a realizarse con seguridad.

De mayor calado, sin embargo, y de mayor valentía política nos parece la decisión de cambiar las subvenciones nominativas por las concurrenciales. Sin duda, cambiar las subvenciones de esta forma es una manera de movilizar mejor los recursos, de estimular la creatividad, la eficiencia. Es también una forma de hacer más transparente y democrática la acción del Gobierno. Pedíamos austeridad, solidaridad e iniciativa. Esta última característica que comentamos en el presupuesto del Ministerio de Cultura viene precisamente a reforzar la iniciativa movilizando a todo el sector cultural.

Me gustaría hacerle solo un par de preguntas, más que nada porque creo que es bueno, no por nosotros sino por la opinión pública en general, que aclarara si es verdad, como se nos acusa —o se les acusa— que estos presupuestos han privilegiado al cine en detrimento, por ejemplo, de las bellas artes. También me gustaría, señora subsecretaria, que abundara un poco en cómo la redistribución de los créditos en este presupuesto puede mejorar las condiciones de la industria y el empleo en el sector de la cultura. Para concluir diré que, como ocurre con los presupuestos en su totalidad, los presupuestos de Cultura en sus grandes cifras y orientaciones merecen de verdad el apoyo de todos los grupos. Estoy seguro, como no puede ser de otro modo, de que habrá partidas que se puedan mejorar en su cuantía y recursos que puedan asignarse mejor. Para eso está el Parlamento en el trámite que ahora iniciamos. Estoy seguro de que en él tendremos la oportunidad de encontrarnos en las próximas semanas y de mejorar en la medida de lo posible las carencias que pueda haber.

Del Diario de Sesiones de la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados celebrada el 8 de Octubre de 2009.

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