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Que las crisis no son buenas, que hacen daño, …

13 febrero, 2009

En la vida política, quien pone sus esperanzas en las dificultades del contrario se equivoca, porque las pérdidas del contrario no se convierten automáticamente en beneficios propios.

En estos momentos los dos partidos más representativos de nuestra democracia se enfrentan a sendas crisis. El PP se enfrenta a “su” crisis y el PSOE a “la” crisis. El primero tiene serias dificultades asociadas a la consolidación de su actual liderazgo interno, que se han complicado con la aparición de graves casos de corrupción. El segundo afronta la mayor crisis económica que hemos visto en nuestras vidas.

Es posible que alguien piense que de las dificultades del PP podemos sacar provecho los socialistas. Se equivoca. De los casos de corrupción sólo sacan provecho quienes están en contra de la política democrática. Algo injusto, porque las democracias son precisamente los sistemas políticos menos corruptos.

De igual modo, hay quien piensa que la crisis económica y el aumento del paro pueden dar buenos réditos electorales al PP. Se equivoca. La crisis y el paro sólo producen sufrimiento a las personas que los padecen, generalmente las personas más vulnerables de nuestra sociedad.

Lo único efectivo que puede hacer la política con las crisis es combatirlas y superarlas. Eso es, además, lo que cuenta en el juicio de los ciudadanos, que nos miden en función de con qué coraje y pericia nos batimos frente a los problemas.

Los guionistas de cine han sido siempre muy conscientes de cómo funciona el espíritu humano frente a las situaciones de crisis, y han acuñado dos caracteres convencionales. En las películas de catástrofes y de monstruos siempre hay un personaje que en mitad del caos grita buscando culpables y exige que le solucionen instantáneamente el problema. Generalmente ese personaje desaparece pronto, engullido por las fauces del abismo, ante el regocijo secreto y culpable del público. Por el contrario el personaje que se gana las simpatías del público es aquel que empieza por aliviar a los heridos, organizar la resistencia y, finalmente, liderar la victoria.

Hemos visto cómo la crisis ha engullido las primeras empalizadas que le opusieron los gobiernos de los principales países durante el pasado verano y se tragó ingentes cantidades de dinero. Hemos visto mutar la crisis, desde su comienzo con el petróleo a 150 euros hasta los 40 euros actuales; desde el elevado crecimiento de los precios de los productos alimentarios a la moderación actual.

Hemos visto cómo el paradigma económico de la ortodoxia ultraliberal ha saltado por los aires, y cómo los gobiernos que lo propiciaron han terminado tomando medidas en contra de los principios que habían defendido con ardor inquisitorial. Eso es una crisis, una crisis es el triunfo de la excepcionalidad, algo que nos pone frente a lo desconocido, para lo que no hay otra fórmula que la inteligencia, el trabajo, la capacidad de sacrificio y la solidaridad.

Este es el momento de sacar nuestras mejores virtudes cívicas. Es lo que está haciendo nuestro gobierno, ayudar a los parados, garantizando su protección ahora y en el futuro; evitar el colapso del sistema financiero que impediría la reactivación de la economía y poner las condiciones para dicha reactivación con el Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo. No es una solución mágica e inmediata, requiere tiempo y esfuerzo, pero es una solución.

José Andrés Torres Mora

Diputado por el PSOE

Publicado en el diario Sur el 11 de febrero de 2009

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