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Últimos debates de la VIII Legislatura

17 junio, 2008

Se ha acabado la VIII legislatura de nuestra democracia. Terminamos debatiendo sobre las relaciones Iglesia Estado. Pocas cosas se parecen más al trabajo de Penélope que la política. Es así, ninguna libertad está ganada para siempre, cada generación debe sostener la libertad y ampliarla. Lo que sigue son las actas taquigráficas de mis últimas dos intervenciones de la legislatura, en Diputación Permanente el día 8 de enero y en la Comisión Constitucional el día 10. He respetado las anotaciones de las taquígrafas. Me parece que reflejan bien el ambiente vivo e intenso de ambos debates. En la página del Congreso están los Diarios de Sesiones con las intervenciones de todos los oradores.

Diputación Permanente correspondiente al martes, 8 de enero de 2008.

El señor TORRES MORA: Gracias, señor presidente.Yo no voy a pedir el voto en un mitin electoral ahora.

Les felicito el año a todos.

La vicepresidenta va a comparecer a petición propia en la Comisión Constitucional. Con esta comparecencia la señora Fernández de la Vega hace honor a lo que ha sido su trayectoria a lo largo de la presente legislatura; acaba la legislatura con el mismo talante con que la ha vivido, sin hurtar un ápice de su responsabilidad ni de su presencia en ninguna situación por difícil o incómoda que haya resultado. Por otra parte, estoy de acuerdo con el señor Jané en que parecería lógico que el debate sustantivo se celebrara durante la comparecencia de la señora vicepresidenta, porque será ella quien pueda hablar con legitimidad en nombre del Gobierno. No obstante, me gustaría hacer algunas consideraciones sobre afirmaciones que se han hecho aquí, y seré muy breve.

Decía el señor Tardà que la moderación no sirve contra la iglesia; es curioso, la derecha dice lo mismo respecto a Esquerra Republicana, que la moderación no sirve contra Esquerra Republicana. En realidad, cuando el Gobierno es moderado no pretende usar la moderación contra nadie sino a favor de la convivencia, que es lo que hemos hecho durante toda la legislatura. (Un señor diputado: ¡Qué risa!— Aplausos.) ¿De verdad cree alguien que si hubiéramos sido inmoderados, que si hubiéramos tenido poco sentido común hubieran ido las cosas mejor, con el ánimo que hemos visto por parte de muchos grupos durante la legislatura? Yo creo que no, que no hubiera ido mejor. Por otro lado, es un error confundir el respeto con el miedo, la prudencia con la cobardía, la moderación con la pusilanimidad. Los cardenales de Colón son una cosa y la comunidad católica otra, y eso lo sabe bien la sociedad española; es el apoyo de esa sociedad el que establece al mismo tiempo nuestra fuerza y nuestro límite como responsables políticos.

Nosotros hemos sido coherentes con nuestras convicciones, somos un partido progresista, y si algo ha caracterizado el proceso de civilización es la separación de la religión y de la política. Por desgracia, en nuestro país tardó mucho en producirse esa separación, y a lo que se ve algunos no se resignan todavía. Pero defender nuestras convicciones no va contra nadie; la ley que permite casarse a personas del mismo sexo no obliga a ninguna pareja de homosexuales católicos a contraer matrimonio; la ley del divorcio no obliga a ninguna pareja de católicos que tenga problemas en su matrimonio a divorciarse; ninguna madre católica cuya vida esté en peligro en un embarazo está obligada por ninguna ley a abortar; al contrario, las leyes del Estado protegen la libertad de esas personas para actuar de acuerdo con su conciencia; de igual modo que las leyes de nuestro Estado no les impiden a los que creen ganarse el cielo, no obligan a los que no creen a vivir en un infierno durante sus vidas.

Esas son las leyes que molestan a unos cuantos, a unos pocos príncipes de la Iglesia, pero no son ellos los que ponen en peligro nuestras libertades, son los señores que se sientan enfrente de nosotros (La señora García- Alcañiz Calvo: ¡Qué barbaridad!), que están dispuestos a derogar las leyes que garantizan la libertad de todos para imponernos sus valores morales privados, para convertir en una obligación para los demás lo que para ellos es una opción que abrazan libremente; eso es lo que pretenden. (La señora García-Alcañiz Calvo: ¡Qué barbaridad!)

Y les voy a decir, para acabar, que pertenecen ustedes a una triste estirpe de la derecha española, una derecha que en los momentos decisivos para nuestra patria, para nuestro país, cuando han tenido que elegir entre salvar su alma y salvar la patria han preferido salvar su alma y condenar la patria, la patria de las libertades. (Una señora diputada: ¡Ay, la patria!— Aplausos.— Rumores.)

Comisión Constitucional del 10 de enero de 2008

El señor PRESIDENTE: Como última intervención de los grupos tiene la palabra el nombre del Grupo Parlamentario Socialista el señor Torres Mora.

El señor TORRES MORA: Señorías, el Grupo Parlamentario de Izquierda Unida pidió en la Diputación Permanente del pasado martes que la vicepresidenta del Gobierno compareciera ante la Comisión Constitucional para dar cuenta de las relaciones Iglesia-Estado y la señora Fernández de la Vega, en un acto que honra su trayectoria en esta Cámara durante la legislatura, decidió comparecer voluntariamente en esta comisión. Se ha dicho aquí que la comparecencia tiene una intencionalidad electoral; estaremos de acuerdo en que primero habría que juzgar la petición de la comparecencia y la intención de la petición de la comparecencia.

Cuando a un miembro del Gobierno le piden su comparecencia parece que lo más sensato y algunos de los que han criticado a la vicepresidenta han hecho referencia a su calidad como parlamentaria, cuando hacen una petición de comparecencia a un miembro del Gobierno parece que parlamentariamente lo razonable es que ante la duda, independientemente del contexto electoral o no, uno comparezca y dé cuenta ante esta Cámara de lo que se le pide. Además comparece en la Comisión Constitucional porque es la sede en la que debe comparecer la vicepresidenta del Gobierno cuando hay una petición de comparecencia de ella, y además hay otros temas que también preocupan a los españoles como la subida del pan que decía algún honorable diputado que me ha precedido en el uso de la palabra, para lo que también hay una sede en la que comparecer y en la que va a comparecer esta mañana el vicepresidente económico del Gobierno haciendo gala del estilo del Gobierno durante todos estos cuatro años. O sea, todo es bastante lógico.

Es obvio, de todos modos, que si se ha pedido su comparecencia justo en este momento es porque el día 30 el Arzobispado de Madrid organizó un acto en la plaza de Colón, un acto que en teoría fue convocado en defensa de la familia cristiana pero que en la práctica consistió en un mitin contra el Gobierno socialista (Un señor diputado: Pero qué dices!) Y lo que más lamentamos: fue un acto contra determinados derechos y libertades civiles de los españoles, por ejemplo, contra el derecho al divorcio o contra el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo; un ejercicio, sin duda, el que hicieron las personas que se concentraron, absolutamente democrático, pero cuyo objetivo era mermar algunas de las libertades cívicas de las que disfrutamos los españoles (Varios señores diputados: ¡No! – El señor Merino Delgado: No es verdad.) Ese era el objetivo: hacer desaparecer algunas de nuestras libertades, democráticamente ciertamente, pero su objetivo era que determinados derechos y libertades que ha aprobado esta Cámara desaparezcan de nuestro ordenamiento jurídico. (Rumores.)

Por cierto, se ha argumentado que había mucha gente en aquella manifestación y que el Gobierno no es democrático porque no les hizo caso. (Varios señores diputados: ¡No!) Tranquilícense, no voy a discutir cuántos había, pero estarán todos ustedes de acuerdo conmigo en que fuimos mucho más los que no fuimos a la manifestación (Risas.), así que si el número no es un buen argumento, tampoco lo son los argumentos que dieron los cardenales. (La señora García-Alcáñiz Calvo: ¡Qué pobreza argumental!) Por tanto, supongo que convendrán conmigo que en todo caso lo que hace democrático a un gobierno es que garantice el derecho de los ciudadanos a manifestarse, no que obedezca a los que se manifiestan.

De igual modo también se nos dice desde la derecha que el Gobierno no es democrático porque no acepta las críticas, luego críticas hay y además en abundancia (El señor Merino Delgado: ¿Por qué no las va a haber?), con lo cual es evidente que nadie las impide Eso sería lo no democrático, que un gobierno tratara de impedir las críticas. (El señor Merino Delgado: Pero las descalifica.) ¿Pero tenemos los socialistas el derecho a expresar nuestro desacuerdo con las críticas que se hacen contra nosotros o es que ser democrático significa tener que aceptar sin rechistar las críticas que nos hacen los cardenales? Si es así, la derecha está ofreciendo un nuevo modelo de democracia, un modelo en el que criticar al Gobierno es un ejercicio de libertad y defenderlo un ejercicio de tiranía. Señor presidente, qué bien nos hubiera venido este modelo de democracia por parte de la derecha hace unas cuántas décadas.

Algunos de los señores diputados que me han precedido en el uso de la palabra estarán de acuerdo conmigo en que ante argumentos como estos tenemos la obligación de ser muy cuidadosos, muy pedagógicos desde el punto de vista de la cultura democrática, por eso no me parece edificante desde el punto de vista democrático ponernos a revisar en este preciso momento las relaciones Iglesia-Estado, es algo que no deberíamos hacer aunque solo fuera por decoro democrático, porque lo que se está proponiendo ahora por parte de algunos grupos sería una reacción contra quien nos critica, y eso podría parecer más el reflejo de un viejo pensamiento autoritario que la expresión de la fortaleza de una democracia. La contención, el soportar las críticas por injustas que sean, la determinación de trabajar activamente para sostener un sistema político caracterizado precisamente por la crítica son expresiones de fortaleza, no de debilidad democrática, así que a nuestros ojos y por injustas que parezcan las críticas que nos hicieron el 30 de diciembre en la plaza de Colón, aquello fue una expresión de vitalidad democrática de nuestra democracia. Por cierto, una vitalidad de nuestra democracia que tiene que ver mucho con que los cardenales tuvieran que expresarse en la calle y no en esta institución como ocurría durante el franquismo; ayuda mucho a nuestra democracia que sea así. Por tanto, no creo que sea este el momento de revisar, ni nosotros lo hemos pretendido, salvo comparecer para dar cuenta de lo que se nos pregunta, pero no es el momento de revisar las relaciones Iglesia-Estado, una Iglesia que es algo más y algo distinto que el sector fundamentalista del Episcopado. En democracia todo se puede discutir, pero algunas cosas será mejor discutirlas cuando todos estemos más serenos, es algo que merece una comunidad tan importante como son los católicos en nuestro país, una comunidad tan valiosa desde el punto de vista de la solidaridad, con tantas personas que sirven abnegadamente a los demás, especialmente a los más desamparados.

Que debatamos con calma y objetividad las relaciones Iglesia-Estado es un derecho democrático que les asiste, así que lo prudente, ya que algunos carecen de tranquilidad de ánimo para iniciar una deliberación serena, es abstenernos e iniciar una bronca. Los socialistas tenemos nuestras propias ideas y nuestros propios valores como todo el mundo, pero uno de esos valores, uno de los más importantes, es el valor de la convivencia; una convivencia que exige un sentido del límite y un sentido del equilibrio. Si por un momento hiciéramos el ejercicio mental de hacer desaparecer al PSOE de la vida política -supongo que a algunas de SS.SS. no les costará nada hacerlo-, ¿saben lo que quedaría? Con honrosas excepciones, lo que quedaría serían unas cuantas fuerzas con ánimo de chocar, sin otro límite que su capacidad para tomar impulso.

En estos días se ha dicho y escrito que el Gobierno socialista ha errado su actuación, que ha sido conciliador con la Iglesia y que esta le devuelve su buena voluntad con la bofetada de una crítica feroz a las concesiones que se le han hecho. Es una interpretación injusta. El Gobierno ha tratado a la Iglesia con respeto al mandato del artículo 16 de la Constitución y con respeto a su autonomía, pero no esperábamos que porque la tratáramos con respeto la Iglesia renunciara a sus planteamientos, de igual manera que nosotros no estamos dispuestos a renunciar a los nuestros. Porque, ¿cuáles son las supuestas concesiones del Gobierno? ¿Es una concesión el matrimonio entre personas del mismo sexo a la Iglesia? ¿Es una concesión la Ley del Divorcio? ¿Es una concesión la asignatura de educación para la ciudadanía? ¿Lo es el tratamiento de la asignatura de religión como una enseñanza no obligatoria? ¿Acaso es una concesión que la Iglesia pague el IVA o el impuesto sobre actividades económicas, o quizá que se financie exclusivamente por la decisión de los ciudadanos como primer paso para su autonomía financiera? ¿O es que haber tratado a la Iglesia con respeto y mediante el diálogo es una concesión? ¿Es que no merecen los católicos respeto y diálogo? Nosotros creemos que lo merecen absolutamente. Es una pena que algunos príncipes de la Iglesia no les tengan a los católicos el mismo respeto que les tiene este Gobierno y no se abstengan de instrumentalizar su fe para hacer campaña electoral de un candidato a presidir la Conferencia Episcopal o de un candidato a presidir el Gobierno de España. Y lo que es lamentable es que la Iglesia, en sus sectores más radicales, más fundamentalistas, organice un ataque al Gobierno socialista y alguno de nuestros socios se sumen al ataque.

Dice mi amigo, el filósofo Daniel Innerarity, que lo que se ha terminado no es la religión sino la organización religiosa de la sociedad, que es el tiempo de despolitizar la religión y de desacralizar la política. La pena es que estos planteamientos son demasiado modernos para los señores del Partido Popular y lo saben. (La señora García-Alcañiz Calvo: ¡Qué tontería!) Por eso están escondiendo sus posiciones políticas. Ellos, que han alentado todos los extremismos que hemos vivido durante esta legislatura, ahora se esconden y no quieren reconocer que su objetivo es llevar (La señora García-Alcañiz Calvo: ¿Quién se esconde?) Sí, no quieren reconocer; se esconden porque lo que esconden son sus intenciones, y no quieren reconocer que su objetivo es llevar a cabo el viejo sueño de esos cardenales, que es convertir el pecado en delito. (Rumores.) Y no quieren reconocer que quieren convertir sus concepciones morales privadas en una norma de cumplimiento obligatorio para todos los ciudadanos. Eso es lo que esconden. ¿Por qué no dicen claramente que van a derogar el matrimonio entre personas del mismo sexo, que van a derogar la Ley del Divorcio? ¿Dónde están, señorías, los liberales del Partido Popular? ¿Dónde están los defensores de la libertad negativa, de la libertad como una interferencia? ¿O es que eso solo existe para el mercado y no para las conciencias? ¿Quiénes son ustedes de verdad? ¿Por qué no nos dicen cuáles son sus verdaderas intenciones? ¿Saben por qué? Porque su radicalismo es la expresión de su debilidad (Un señor diputado: ¡El ogro!), y su debilidad es la expresión de la distancia que hay entre sus intenciones y lo que desea la sociedad española. Bajo el liderazgo del señor Rajoy se han convertido ustedes en el brazo político de los sectores más fundamentalistas del episcopado, del poder del fundamentalismo. Y si pudieran, legislarían nuestras libertades civiles al gusto de modernos -o tendré que decir coetáneos porque modernos no es adecuado- torquemadas. (Rumores.) Ellos se complacen en ustedes. (La señora García-Alcañiz Calvo: ¡Qué barbaridad!) Sí señora, yo también lo pienso. (Risas.) Es una verdadera barbaridad, que quieran hacer esto es verdaderamente una barbaridad, y que lo oculten me parece un acto de cobardía. (Un señor diputado: ¡Qué lenguaje!) Y creo que la valentía es otro de los valores importantes en política, la valentía de decir cuál es el verdadero objetivo que uno pretende. Nosotros hemos trabajado para producir equilibrio sin abandonar nuestros valores. Hemos considerado que el equilibrio es algo importante, que la armonía es algo importante y que a veces conviene ceder. Por eso hemos llegado a acuerdos con todos los grupos que están en la Cámara en algún momento. Creemos que ese es el valor que puede aportar el Partido Socialista a la vida política en nuestro país. (Rumores.) Yo siento mucho que algunos diputados del Partido Popular no se sientan bien representados por la señora Salom y quieran intervenir constantemente. (Risas.) Creo que no lo ha hecho mal; que ha reflejado bien lo que ustedes piensan. No deben hacerlo; es descortés con ella desconfiar de su intervención. Sí ya ha dicho lo que ustedes piensan. Déjennos decir a los demás lo que pensamos, y lo que pensamos es lo que estamos diciendo tranquilamente, con la mayor corrección.

Efectivamente, su proyecto, lo que están escondiendo, lo que quieren hacer lo quieren hacer por debilidad. Se someten por debilidad. Qué pena que no se sometieran cuando la Iglesia les dijo que no participaran en la guerra de Irak. Ustedes que hablan de peleas… aquello sí que fue una buena pelea. (Rumores.) Pero ustedes están dispuestos a someterse cuando se trata de sexo y a rebelarse cuando se trata de amor. (Risas.- Aplausos.- Un señor diputado: ¡Qué cacao mental tienes!)

Turno de Réplica

El señor PRESIDENTE: El señor Torres Mora tiene la palabra.

El señor TORRES MORA: Muy brevemente.

Señor Herrera, me parece muy bien que hagamos una evaluación del rendimiento de las políticas del Gobierno, creo que es una forma moderna de entender la política. En los objetivos, el Partido Socialista, el Gobierno socialista, es un partido de tradición reformista, moderado, realista en los objetivos que nos proponemos y, por tanto, jamás se nos ocurriría proponernos como objetivo cambiar la mentalidad de los cardenales; nuestro objetivo era sencillamente mejorar el nivel de libertad y de felicidad de los ciudadanos de nuestro país, en particular de ciudadanos que durante muchos años se han visto perjudicados por una moral que era muy injusta con sus diferencias, y en eso hemos colaborado todos o muchos de nosotros de una forma muy cordial, que creo que ha sido muy beneficiosa para esas personas. Por tanto, desde el punto de vista de los objetivos que sí nos hemos propuesto como Gobierno, como partido, creo que podemos estar razonablemente satisfechos.

Señora Salom, cualquier cosa que haya hecho o dicho el Gobierno socialista en esta legislatura ha sido necesariamente en vísperas de una manifestación de la Iglesia, tal ha sido la abundancia de manifestaciones en esta legislatura. No podíamos hablar en ningún momento sin que fuera en vísperas de una manifestación de ciertos sectores de la Iglesia, naturalmente. Pero lo voy a decir una cosa, insiste usted en que aquí si uno es criticado lo que tiene que hacer es callarse; no, si uno es criticado, tiene derecho a responder. Y le voy a decir que lo que diga el señor Zapatero sobre un cardenal es tan legítimo como lo que diga un cardenal sobre el señor Zapatero. (Un señor diputado: Pero con respeto.) Es decir, podemos hablar todos siempre que lo hagamos con respeto a las personas, pero podemos discrepar de lo que esas personas dicen y de lo que manifiestan, eso es una democracia. Y la verdad, es muy duro terminar la legislatura defendiendo lo que es de sentido común.

Mire, claro que contestamos a las críticas, claro que la vicepresidenta tiene que contestar a las críticas, pero eso no significa perder el respeto a los que nos critican, simplemente significa respetar nuestros planteamientos y defenderlos porque al fin y al cabo son planteamientos, ideas y valores que representan también a muchos ciudadanos y esperan que los defendamos con respeto pero sólidamente y con rigor. O sea, que por favor, ya está bien, no insista. O sea, yo no estoy faltándole al respeto cuando contradigo lo que usted dice, ni usted me falta a mí cuando contradice lo que yo digo; nos faltamos al respeto cuando mentimos, cuando hacemos política desde la mentira, por eso los ciudadanos tienen derecho a que los políticos les digan la verdad y los ciudadanos tienen derecho a que ustedes les digan cuáles son sus verdaderas intenciones con los hechos que se han ampliado en esta legislatura. ¿Cuáles son sus intenciones? Los ciudadanos españoles tienen derecho también al final de esta legislatura, como al final de la anterior, a que ustedes les digan la verdad. (Aplausos.)

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