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Sólo democracia (*)

29 mayo, 2006

Decía Hannah Arendt que la violencia puede acabar con el poder legítimo, pero no puede crearlo. Es posible que un razonamiento similar haya terminado abriéndose paso entre los miembros de ETA a lo largo de los últimos años, que se haya extendido entre ellos la convicción de que sus armas nunca les darán la legitimidad con la que se construye un proyecto político. Es probable que se hayan convencido de que el secuestro, la extorsión y el asesinato, no se pueden adjetivar como políticos; que se hayan persuadido de que no hay violencia política, sino que la violencia es sólo violencia.

Por otro lado, la presión policial es cada vez más fuerte y la violencia es cada vez más costosa para quienes la practican. Sin embargo, probablemente no es el coste por si solo, sino la convicción de la inutilidad de sus acciones violentas lo que lleva a ETA a declarar el alto el fuego permanente. Porque lo que vence definitivamente a la violencia no es una violencia mayor, sino la legitimidad de unos valores por los que los demócratas mueren, pero no matan. Ante quienes bajan las armas los terroristas es ante unos ciudadanos libres e iguales, que se someten a las leyes, pero sólo a las leyes. Y someterse a las leyes es mejor que someterse a las armas, incluso para los terroristas.

Al final, los violentos depondrán sus armas ante la legitimidad de la democracia. Por eso es absurda la idea de que, por deponerlas, la democracia vaya a concederles lo que no han conseguido empuñándolas. Si fuera así, la democracia perdería su legitimidad, y los terroristas no tendrían más que frágiles y reversibles razones de oportunidad para dejar la violencia. Sólo los que no entienden la democracia, o no creen verdaderamente en ella, pueden pensar que ésta va a negociar con los violentos sus objetivos políticos ¿Es que los terroristas pueden ofrecernos algo mejor que la democracia y la libertad?

Los socialistas hemos contribuido con tanto esfuerzo y sacrificio como los que más a la defensa de la democracia en nuestro país. Y eso, sin darnos derechos especiales, debería protegernos de los juicios de intenciones que nos atribuyen injuriosamente la voluntad de traicionar a nuestros muertos o la de mercadear con nuestras convicciones democráticas. Debería ser suficiente aval para que el Gobierno de Zapatero dirija, con el apoyo de todos, el proceso que acabe con la violencia en el País Vasco.

La proximidad de la paz revive especialmente la inutilidad del daño producido por la violencia, y así lo hace más doloroso. Por eso la paz es una tarea difícil. Una tarea que requiere un inmenso caudal de valor y generosidad. También de inteligencia política, de esa que combina la ética de la convicción con la ética de la responsabilidad. Y precisamente por convicción y por responsabilidad los demócratas no debemos polemizar públicamente sobre el terrorismo.

José Andrés Torres Mora

Diputado Socialista y Miembro de la Ejecutiva del PSOE.

* Publicado en la revista Tiempo el 29 de mayo de 2006

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