Skip to content

¿Por qué le va mal a Rajoy? (*)

12 enero, 2006

Las dos últimas encuestas publicadas por medios de comunicación nacionales, realizadas por Sigma Dos para El Mundo y por el Instituto Opina para la cadena Ser, coinciden en dar a Rajoy su peor valoración en lo que llevamos de legislatura. Más aún, Rajoy obtiene la peor valoración de un líder de la oposición desde que Aznar llegó al poder. Las encuestas muestran palmariamente el desgaste de imagen que está sufriendo. Y lo que es peor para Rajoy, vuelve a incrementarse la distancia entre la valoración que le dan los ciudadanos a él y la que dan a Zapatero; lo mismo ocurre desde el punto de vista electoral, de nuevo las encuestas apuntan a que, tras un breve acercamiento en la intención de voto entre ambos partidos a principios de noviembre, el PP queda estancado frente a un PSOE que se recupera.

Con la aprobación de la propuesta de Estatuto por el Parlamento de Cataluña, los dirigentes del PP creyeron haber encontrado el barco que los sacara del aislamiento social y de la postración política, electoral y demoscópica en la que están sumidos. Sin que a estas alturas se haya llegado aún al previsible acuerdo sobre el Estatuto entre el PSOE y las fuerzas que lo impulsan, los datos apuntan claramente a que el PP, con Rajoy a la cabeza, ha perdido ese barco.

Más allá de los malos resultados de las últimas encuestas, el balance general de la oposición de Rajoy dista de ser esperanzador.En los siete barómetros trimestrales que el CIS ha llevado a cabo desde que comenzó la actual legislatura los ciudadanos han valorado a Mariano Rajoy con una media de 4,4 en una escala de 0 al 10. La media de las valoraciones de Zapatero en el mismo periodo ha sido de un 5,7. En ninguno de los siete barómetros realizados hasta ahora Rajoy ha superado a Zapatero. Si comparamos estos datos con los resultados de los siete primeros barómetros que midieron a Zapatero frente a Aznar encontraremos que la media de Aznar fue de 5,3 y la de Zapatero de 5,4 y que en cinco de las siete ocasiones Zapatero estuvo mejor valorado que Aznar.Es más, Zapatero le ganó a Aznar en 10 de las 13 veces que se midieron en el barómetro del CIS.

Un balance que es más claro, y más doloroso para Rajoy, si se tiene en cuenta el contexto político en el que hacemos las comparaciones.Como presidentes, comparamos a un Zapatero en su primera legislatura y sin mayoría absoluta con un Aznar en su segunda legislatura y con mayoría absoluta. Como líderes de la oposición estamos comparando a un Zapatero que no tenía experiencia de gobierno y que era un recién llegado a la primera fila de la política nacional con un Rajoy que lidera la oposición después de haber sido varias veces ministro y vicepresidente primero del Gobierno.

Sorprende, a la luz de los datos, el sentimiento de superioridad y la displicencia con la que se despacha el líder de la oposición en las sesiones de control de los miércoles. Probablemente, si Rajoy leyera las encuestas al menos tanto como las columnas de la prensa afín, estaría en mejores condiciones de apreciar la diferencia entre lo que él cree que está haciendo y lo que la gente ve que está haciendo. Los columnistas, como los dioses, cuando quieren perder a los hombres los ciegan.

Lamentablemente para Rajoy, el deterioro de su imagen tiene efectos electorales negativos para su partido. En las elecciones de 2004 la diferencia con el PSOE fue de cinco puntos, y durante lo que va de legislatura la distancia media entre ambos partidos ha sido de seis puntos. Y para eso, para perder un punto, Rajoy y su partido han deteriorado el clima político siguiendo una táctica que ya nos es lamentablemente conocida. En la legislatura 1993-1996, con Aznar en la oposición, la media de personas que consideraban que la situación política era mala o muy mala fue del 54% frente a un 7% que la consideraban buena o muy buena; medias que contrastan con la del periodo de oposición de Zapatero, en el que la media de personas que consideraban mala o muy mala la situación política fue del 25% y el 24% quienes la consideraron buena o muy buena, y eso incluyendo episodios como la Guerra de Irak, el Prestige o el Decretazo. Desde que volvimos del verano los barómetros del CIS correspondientes a los meses de septiembre, octubre y noviembre nos dan una media del 32% de ciudadanos que piensan que la situación política es mala o muy mala.

Es verdad que todos somos responsables del clima político, para bien y para mal, pero no todos somos igual de responsables, y los ciudadanos distribuyen esa responsabilidad de una forma bastante clara. Según una reciente encuesta del Instituto Opina, por cada uno que culpa al PSOE hay dos que atribuyen la responsabilidad al PP, y tampoco conviene olvidar que los ciudadanos consideran que después del PP, no es el PSOE sino los medios de comunicación los máximos responsables de la crispación.

No es de extrañar que, de nuevo con datos del CIS, los ciudadanos evalúen muy negativamente la labor de oposición que está haciendo Rajoy en lo que llevamos de legislatura. Por cada 100 personas que piensan que Rajoy lo hace bien o muy bien hay 180 que creen que lo está haciendo mal o muy mal. Datos que contrastan con la valoración que los ciudadanos daban a la oposición de Zapatero en sus siete primeros barómetros como responsable de la oposición, por cada 100 que pensaban que lo hacía bien, 80 pensaban que lo hacía mal.

No deben extrañar tales resultados en la evaluación que hacen los ciudadanos de uno y otro. Zapatero eligió una estrategia de oposición, la oposición útil, que trataba de contribuir a que las cosas fueran bien, lo que además de convenirle respondía a la única forma de practicar la política que él concibe. “No haré nada para que las cosas se tuerzan, sino que me responsabilizo del país igual que si gobernara”, le dijo a Aznar en el debate sobre el estado de la Nación de 2001. Rajoy les dijo a los suyos hace un año que tenían que estar preparados “por si las cosas se torcían”. Y cuando uno pone todas sus esperanzas para volver al poder en que las cosas se tuerzan no tiene un papel muy lucido, además de arriesgarse a peligrosas tentaciones.

La derecha, con Rajoy a la cabeza, y probablemente con Aznar en la cabeza, se ha empeñado en convencer a los ciudadanos de que Zapatero no es competente y que sus políticas nos llevan al desastre, han hecho chanzas y risas de él y de sus ministros. No parece que hayan adquirido mucho prestigio como profetas, ni ganarían un concurso de cortesía, pero aún hay algo que debería ser más desalentador para ellos: que los ciudadanos no te votan porque el otro sea malo, sino porque tú seas mejor; y la última encuesta de Sigma Dos dice que los ciudadanos piensan que el PSOE es mejor que el PP en seguridad ciudadana, política antiterrorista, relaciones exteriores, vivienda, medio ambiente, relaciones con las CCAA, sanidad, inmigración, educación, defensa, justicia y muy especialmente en libertad de expresión. En definitiva, los ciudadanos piensan que el PP no lo haría mejor que el Gobierno en ninguna de las políticas por las que les preguntaron.

A estas alturas, éste es el resultado de la estrategia de oposición de Rajoy. Una estrategia que no es más que la prórroga del proyecto político de Aznar, que fue derrotado en las urnas; una estrategia que se expresa en el intento de deslegitimar el resultado de las elecciones del 14 de marzo, en la voluntad de deteriorar la posición de España en el exterior, torpedeando la política de un Gobierno que actúa en defensa de la voluntad soberana de los ciudadanos; una oposición que se basa en el rechazo de leyes que amplían derechos civiles a colectivos tradicionalmente marginados, en el uso banderizo y electoralista de la política contra el terrorismo, en la manipulación del dolor de las víctimas, en la autoatribución del monopolio de la defensa de la Constitución y de la unidad de España; y que utiliza la descalificación personal, fría y premeditada, la crispación y el cinismo -que consiste en pedir con indignación acuerdos y consensos que nunca se ofrecieron en política educativa o autonómica- como formas de hacer política.

Una estrategia en la que Rajoy no puede sino perseverar, porque carece de legitimidad y de autonomía para cambiarla. Decía Aristóteles que los orígenes son más de la mitad de la totalidad. El déficit democrático de la elección de Rajoy lastra su destino. Rajoy carece de legitimidad porque no ganó ni su liderazgo interno, que se lo encontró, ni las elecciones generales, que las perdió.Y aunque tuviera legitimidad, necesitaría tener voluntad para tener autonomía. Todavía está inédito el Rajoy capaz de proponer un nuevo consenso de la derecha a los ciudadanos, un nuevo proyecto, capaz de hacer crecer las oportunidades de su partido haciendo crecer las oportunidades del país.

(*) Publicado en El Mundo el 12 ene 06

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: