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Tomas falsas (*)

24 noviembre, 2005

Es verdad que la autocrítica es un valor importante en todos los órdenes de la vida, incluida la política. Pero también es razonable que siendo yo diputado socialista y miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE, no haga el trabajo de la oposición. Lo que además de intrusismo profesional podría considerarse una descortesía, pues expresaría una falta de confianza en la capacidad política de los dirigentes del PP para hacer su trabajo.

Ciertamente Zapatero ha cometido y cometerá errores, en eso es como todo el mundo, y también es verdad que no le han faltado ni inteligencia para reconocerlos, ni coraje para disculparse por ellos, lo que es menos frecuente. También es cierto que juicios precipitados y a corto plazo valoran como errores decisiones que el tiempo demuestra acertadas. Es frecuente que después y a la vista de los resultados, muchos de sus críticos reconozcan que la estrategia del líder socialista era más inteligente de lo que le habían concedido y se sumen con entusiasmo a su proyecto.

No están lejos en el recuerdo las críticas a su manera de hacer oposición. Críticas de propios y extraños, hechas muchas veces desde la linde del respeto personal. Pasado el tiempo los datos objetivos y nuestra propia honestidad nos obligarían a ser más respetuosos con sus capacidades políticas y más prudentes con las críticas.

Si comparamos los seis barómetros del CIS, que abarcan el primer año y medio de la discutida oposición de Zapatero, con los seis que abarcan el primer año y medio de la actual y convencional oposición que encabeza Mariano Rajoy podemos encontrar algunos datos muy ilustrativos. Por ejemplo, por cada 100 personas que consideraban que la oposición de Zapatero era buena o muy buena, 81 consideraban que era mala o muy mala. En tanto que por cada 100 personas que aprueban la oposición de Rajoy hay 169 que la desaprueban. Para el periodo considerado como líder de la oposición, Zapatero obtuvo una valoración media de 5,4, una décima por encima del Presidente Aznar. En lo que lleva de oposición, Rajoy tiene una valoración media de 4,5, bastante por debajo del Presidente Zapatero, que tiene un 5,8. En cuanto a la estimación de voto que hace el CIS, con el liderazgo de Zapatero el PSOE rebajó una media de dos puntos la distancia que le había sacado Aznar en marzo de 2000, mientras que bajo el liderazgo de Rajoy la distancia media entre el PSOE y su partido se ha incrementado dos puntos sobre la existente en marzo de 2004.

Pero la comparación nos ilustra mejor cuando se considera el contexto. Rajoy es un político con amplia experiencia de gobierno que se enfrenta a un Presidente primerizo sin mayoría absoluta. En tanto que Zapatero era un político sin experiencia de gobierno frente a un Presidente experimentado y con mayoría absoluta. Y, en ese contexto, Zapatero planteó una estrategia de oposición menos convencional que la de Rajoy, pero más respetuosa con los valores democráticos y más eficaz en sus resultados. Obviamente, esta comparación de los logros de Zapatero y Rajoy como jefes de la oposición es el envés de los logros de Aznar y Zapatero como jefes de gobierno, lo que en justicia también debe ser considerado.

Resulta paradójico que el punto más débil de la estrategia de la oposición útil que hizo Zapatero fueran las críticas amigas, que hacían creíble la perversa traducción que hacía la derecha de los valores de Zapatero. El respeto al adversario se traducía por inanidad, la voluntad de diálogo por ausencia de ideas, y la capacidad de pacto por debilidad política.

En parte era comprensible esa reacción de los amigos, pues es verdad que la manera de hacer política de Zapatero es en ocasiones bastante contraintuitiva. Digamos que hace como se aconseja cuando un coche derrapa en un terreno peligroso. Si giramos el volante hacia dónde nos dice nuestra intuición lo más probable es que terminemos accidentados. Por el contrario, si giramos hacia dónde nos dice la razón, podremos mantener la dirección y salvar el peligro

Muchos de los que ahora tratan de salvar los intereses del Estado, cara al interior o al exterior, deberían pensarse si sus críticas a Zapatero tiene el efecto contrario del que ellos intuyen. Cada vez que el coche de la vida política derrapa, los aullidos de la derecha suenan como las Trompetas del Juicio Final, y su reacción instintiva es la de siempre, dar el mayor giro autoritario que permita el volante. Pero la inteligencia nos dice que hay que moverse con firmeza en el sentido democrático, y tomar en consideración los derechos, anhelos e intereses de todos para recuperar el equilibrio. Eso es lo que avalan los datos objetivos; lo otro, las críticas, son con frecuencia hijas de la falta de perspectiva, tomas falsas de la Historia.

José Andrés Torres Mora

Publicado en la revista Tiempo de hoy el 24/10/05

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