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Se llama Yihad

9 diciembre, 2018

 

“Éramos pocos y parió la abuela”. Estos días en que celebramos el 40 aniversario de nuestra Constitución, conviene recordar también alguno de los artículos de esa otra norma fundamental de nuestra convivencia que es el refranero. En el refranero encontramos reglas de conocimiento y reglas de comportamiento, formas de entender el mundo y formas de estar en él. Ciertamente, y para desesperación de los nacionalistas, que siempre creen que somos únicos, con los refranes pasa como con los artículos de nuestra Constitución, podemos encontrar bastantes iguales, o parecidos, en muchos países de nuestro entorno. 

 

La abuela de nuestro refrán es Andalucía. La última comunidad autónoma de la que podíamos esperar que pariera un partido como Vox es la nuestra. Todavía recuerdo, allá por el año 2000, a mi madre horrorizada ante la televisión viendo la noticia de que habían quemado la puerta de una casa de inmigrantes, con varias personas dentro, en El Ejido mientras decía: “estos que atacan a los inmigrantes se han olvidado muy pronto de que nosotros mismos los fuimos hace nada”.  Mis padres, mi tíos Sebastián, Juan, José, Rafael, pasaron muchos años en Francia, Suiza y Alemania, en ocasiones en condiciones de vida deplorables, y allí, alguna vez, encontraron a personas que además de explotarlos, trataron de humillarlos. Ninguno de ellos entendería los motivos, llamarlos razones me parece un exceso, de miles deandaluces, para alimentar la xenofobia. Si hablamos de la memoria de un pueblo, de la continuidad histórica del mismo, la actitud de quienes apoyan la xenofobia no solo supone una ruptura con casi cuatro décadas gobiernos socialistas, sino principalmente con su propia memoria como andaluces. 

 

Igual de absurdo me parece que la expresión más radicalizada del nacionalismo español obtenga semejante éxito en una de las comunidades en las que más y mejor fundidas están la identidad regional y la nacional, ser andaluces es nuestra forma de ser españoles, como ser españoles es nuestra forma de ser europeos. Negarnos como andaluces es negar una de las riquezas de España. No es aquí, en Andalucía, donde está en peligro la unidad de España. Es en Cataluña donde, quienes dicen que tanto aman a España, han de demostrar que tienen una idea de España capaz de unir a quienes vivimos en ella. Es allídonde tienen que conseguir la simpatía, la comprensión y los votos. Aquí ya estamos convencidos. Vencer al independentismo catalán en Andalucía es, por usar otro refrán que afortunadamente hace siglos que perdió su significado literal, “dar lanzadas al moro muerto”. Vaya héroes.

 

Con todo, lo que más me asombra es eso que dicen de que van a empezar la Reconquista por el sur. Se ve que no se han enterado de que la Reconquista, si se empieza por el sur, se llama Yihad. Y la verdad es que viendo su integrismo religioso, su actitud ante la igualdad de las mujeres, su posición ante los derechos de los homosexuales, se podría pensar que quizá estén más cerca del fundamentalismo de los yihadistas que de la Ilustración europea. Kant, amigo, los tenemos dentro.

 Publicado en el diario SUR el 9 de diciembre de 2018

2 diciembre, 2018

Predicción para hoy

 

En mi época de estudiante de Sociología estaba convencido de que no hay naturaleza humana. Creía firmemente en la tesis de la tabula rasa, es decir, que la naturaleza humana es completamente moldeable. La paternidad y algunas lecturas me han ido haciendo cambiar de opinión. Por ejemplo, y para no entrar en otras profundidades, ahora sabemos que la naturaleza humana es bastante torpe para la inferencia estadística a pelo, es decir, sin hoja de cálculo. De una muestra pequeña y sesgada somos capaces de inferir intuitivamente el universo mundo. Y, naturalmente, solemos equivocarnos.

 

El otro día, sin ir más lejos, me preguntaba un amigo qué pienso que va a ocurrir en las elecciones andaluzas que se celebran hoy domingo. Y, olvidando toda la estadística y las técnicas de investigación social que estudié durante la carrera, me vine arriba y le expliqué a mi amigo lo que va a pasar en toda Andalucía a partir de una conversación que había tenido esa mañana con una prima de mi pueblo. Al rato volví a llamar a mi amigo y le dije: mira, mejor cree a las encuestas que a mí”. Mi amigo me dijo: “¿a cuál, si cada una dice una cosa?. Haz la media, le respondí. 

 

Hoy, cualquiera que quiera vendernos una moto y tenga pocos escrúpulos, usa los nuevos conocimientos de la psicología para llevarnos a su huerto. Estos días leía una estadística que me sorprendió: España es uno de los países europeos con menos asesinatos por violencia machista. ¿Por qué me sorprendió? Quizá porque en lo que va de año llevamos ya 45 asesinatos machistas. Ante la tragedia de cada semana alguien podría pensar equivocadamente que de nada han servido las movilizaciones, los esfuerzos de concienciación social, o acciones legales y administrativas como la pionera Ley Integral Contra la Violencia de Género, del presidente Rodríguez Zapatero, que él quiso que fuera la primera ley de su gobierno. Sin embargo, si bien cada asesinato es la prueba de un fracaso, cuando miramos las estadísticas vemos que todos esos esfuerzos tienen sentido, y que no debemos desistir de las movilizaciones, ni de la concienciación, ni de las acciones políticas. Cada caso es un aldabonazo en nuestra conciencia, y cada estadística es una guía para evaluar la eficacia de nuestras acciones.

 

Hace unos días participé con otros diputados en un debate en la Universidad. A partir de unos cuantos casos escandalosos, y ninguna estadística, uno de los parlamentarios hizo una descripción tan terrible de la España actual, que un estudiante concluyó que la única solución es hacer trizas nuestro país y empezar de nuevo. Denuncié el error y la injusticia. Por eso mi pronóstico es que si los andaluces votan hoy atendiendo a los datos rigurosos de las estadísticas y a su propia percepción directa de la sociedad que les rodea, Andalucía seguirá por una vía del progreso. Si votan a partir de la imagen construida con unos pocos casos cuidadosamente escogidos y publicitados solo para producir ira, miedo o escándalo, entonces es probable que mañana nos encontremos el huevo de la serpiente en el Parlamento Andaluz. 

 

 Publicado en los diarios SUR y El Correo el 2 de diciembre de 2018

Cartas extraterrestres

25 noviembre, 2018

 

A veces, para entender mejor nuestro mundo, conviene pensar como un extranjero en tu propia tierra, al modo del Montesquieu de las Cartas Persas o el Cadalso de las Cartas Marruecas. Si un extraterrestre escuchara decir al candidato del PP a la presidencia de la Junta de Andalucíaque el PSOE no ha hecho nada por la región en los últimos 36 años, probablemente le preguntaría: “¿Y qué ha hecho el PP por Andalucía en los últimos 36 años?. Con seguridad el candidato del PP respondería al extraterrestre: “es que hace 36 años no existía el PP”. “¿No había derecha entonces en Andalucía?”, preguntaría nuestro visitante. A lo que habría que contestar que sí, que antes del PP había otro partido, llamado Alianza Popular, cuyos dirigentes fundaron el PP, que se oponía a que Andalucía tuviera el mismo nivel de autonomía que Cataluña o el País Vasco. Si hace 36 años hubieran ganado ellos hoy Andalucía sería una autonomía de segunda, muy distinta a la de ahora, pero no mejor. Quizá aquella primera traición en democracia explique su primer fracaso, y cada fracaso explique el siguiente. ¿”Y en los últimos 4 años, qué habéis hecho?”, preguntaría el extraterrestre al señor Moreno Bonilla. “Es que nosotros no hemos gobernado Andalucía en los últimos 4 años?”, podría ser la respuesta. “¿Pero no gobernabais España?”, volvería a preguntar el visitante, “¿qué habéis hecho por Andalucía desde Madrid, la habéis financiado con justicia, habéis hecho planes especiales de empleo como para Canarias?”. La respuesta es no.

 

Si nuestro visitante fuera a un mitin de Adelante Andalucía (AA) y escuchara a su candidata afirmar que el PSOE no ha hecho nada por nuestra tierra en los últimos36 años, le preguntaría: ¿Y qué ha hecho AA por los andaluces en los últimos 36 años? Seguramente los dirigentes de AA responderían al extraterrestre que AA es un  partido nuevo, que acaba de fundarse, y que no se le puede preguntar qué han hecho por Andalucía más allá de las tres o cuatro últimas semanas. “¿No había, a comienzos de la pasada legislatura –preguntaría el visitante- una tal señora Rodríguez y un tal señor Maíllo, muy parecidos físicamente a los dirigentes de la nuevaAA, que lideraban Podemos e IU respectivamente, y que, en 2015, bloquearon la formación del Gobierno de la Junta durante meses?”. No es justo –responderían los dirigentes de AA- atribuir el bloqueo de la pasada legislatura a un partido que no existía entonces. Razón por la cual, argumentarían, AA está en disposición de pedir todo tipo de explicaciones sobre el comportamiento de los demás sin tener que dar ninguna sobre el suyo.

 

Con todo, lo que más chocaría al extraterrestre sería ver el debate electoral del lunes pasado, y escuchar al señor Marín, de Ciudadanos (Cs), afirmar que el PP es un partido corrupto y, seguidamente, que están deseando gobernar Andalucía con el PP. Se ve, pensaría nuestro visitante, que para Cs es más importante la ideología (de derechas) de su nuevo socio que su honestidad. Lo que es bien triste para un partido que decía que la honestidad era su ideología.

 

Publicado en el diario SUR el 25 de noviembre de 2018

Calumnias y fiestas

18 noviembre, 2018

Bajo el pseudónimo El guardabosques de Valsaín, un señor juez, publicó hace mesesen la revista de la asociación de jueces Francisco de Vitoria unos versos satíricos contra la señora Irene Montero, portavoz del Grupo Confederal de Unidos Podemos en el Congreso. Versos que, en consideración de un Juzgado de Primera Instancia de Madrid, aisladamente y en su conjunto, comportan insulto, insidia y vejación grave para la propia estima de la demandante”. De modo que el juzgado ha condenado al juez poeta, y forestal, a pagarle a la señora Montero cincuenta mil euros del ala. 

 

Parece bastante plausible que la intención del autor de los infames versos no era otra que la de hacer una crítica política a una diputada, porque difícilmente pueda haber otra motivación, distinta del desacuerdo político, contra alguien a quien seguramente no ha tratado personalmente en su vida. Sin embargo la sentencia deja bien claro que la intencionalidad política de una crítica no lo justifica todo. 

 

Es verdad que no siempre es fácil deslindar perfectamente la agresión verbal o simbólica de la crítica política legítima y que conviene a la democracia que, en caso de duda, los jueces opten por preservar el derecho a la libertad de expresión, pero también es cierto que en los últimos tiempos hemos visto cómo se justifica cínicamente el insulto y la vejación gratuitos de los representantes democráticos bajo el amparo del derecho a la libertad de expresión, o porque, como dicen algunos, les va en el sueldo. Cabría preguntarse entonces: ¿si se les pagara menos, se les podría insultar menos? ¿Y si no se les pagara? ¿O es simplemente el hecho de haber sido elegido por tus conciudadanos para representarlos lo que da derecho a insultarte y vejarte sin límite a quien le apetezca? ¿Quién, sino a quien nada le importe su honor personal, querrá dedicarse a la política en estas condiciones?

 

Paradójicamente a propuesta del Grupo Parlamentario de Unidos Podemos, el Congreso aprobó hace unas semanas la toma en consideración de una Proposición de Ley para despenalizar injurias y calumnias contra determinados símbolos del Estado. Creo que sería bueno que seamos prudentes a la hora de despenalizar completamente las injurias y las calumnias contra los poderes democráticos, o contra cualquiera, no vaya a ser que en nombre de la democracia estemos armando a sus enemigos. Y una forma de ser prudentes es establecer penas proporcionadas, que los jueces puedan aplicar sin tener la sensación de estar haciendo una injusticia mayor que la que tratan de reparar.

 

Richard Thaler, el premio Nobel de Economía, consiguió que un brillante pero disperso estudiante de doctorado acabara la tesis, obligándolo a entregar el último día de cada mes un capítulo de la misma o, en su defecto, un cheque que Thaler se gastaría en una fiesta con el resto de los miembros del departamento, a la que no estaría invitado el doctorando. Igual, en estos casos de injurias y calumnias, el condenado a pagar la multa debería también ser obligado a ir a la fiesta. No es una propuesta, pero es una idea.

 

Cambiar (solo) de nombre

11 noviembre, 2018

 

 

A comienzos de la semana que hoy acaba tuve la ocasión de ver la entrevista que le hacían en un matinal de televisión a los líderes de Adelante Andalucía, lo que viene siendo Unidos Podemos, pero con otro nombre. Por cierto que nunca me han producido mucha confianza las personas, empresas u organizaciones, que se cambian de nombre. Normalmente nuestro nombre es el mejor capital que tenemos, por eso no queremos mancharlo ni que nos lo manchen. 

 

Cambiarse de nombre puede ser legítimo, pero también suele ser una forma de reconocer que hiciste algo que te desacredita o te avergüenza. Cuando una empresa vende un producto que falla, o con el que se han intoxicado laspersonas que lo consumieron, puede hacer cualquier cosa menos seguir fabricando el mismo producto peligroso o inútil, pero cambiándole el nombre y el envase. Algo asípasa con los partidos. Si mantienen el nombre es porque, a pesar de sus errores, el balance de su historia es positivo, y confían en sí mismos y en sus electores, si lo cambian es porque el balance les da negativo.

 

Los socialistas hemos mantenido el mismo nombre desde 1879. Socialistas es como nos llamamos y socialista es como se llama nuestro partido. A lo largo de nuestra historia hemos cometido errores, hemos pagado por esos errores y hemos aprendido de ellos. Con todo, la España y la Andalucía de hoy se parecen mucho más a las que soñaron nuestros fundadores, que a la España y la Andalucía que soñaban quienes los reprimieron y encarcelaron. Por eso mantenemos nuestra identidad, porque nos podemos reconocer en los valores que defendían Pablo Iglesias y sus compañeros en el siglo XIX del mismo modo que ellos podrían reconocerse en nuestro proyecto actual para el siglo XXI.

 

El socialismo, como lo llamamos nosotros, la socialdemocracia como la llaman los centroeuropeos, o el laborismo, como lo llaman los británicos, es la síntesis de un Estado del Bienestar poderoso, de la democracia representativa de matriz republicana y liberal, y del Estado de Derecho. Y ese proyecto sigue siendo el producto más moderno y avanzado que se puede encontrar en las estanterías de la política. Otros, con nuevos nombres, tratan de disimular el caduco producto que traen en su cesta programática, y que solo sirve para facilitar el acceso al poder a la derecha en Andalucía. Por eso al escuchar las críticas al socialismo andaluz que hacían los líderes de Adelante Andalucía, me parecía estar oyendo los pensamientos de quienes han inspirado, desde la derecha,ese infame y peligroso cartel que llama ratas a todos los presidentes andaluces desde Rafael Escuredo a Susana Díaz. 

 

Al final de la entrevista televisiva el líder de IU decía: “los socialistas llevan 36 años en el poder en Andalucía, y ya no deben seguir aunque sea por razones biológicas”. Resulta irónico porque el líder de IU que decía esas palabras tiene 52 años, y la presidenta Díaz 44. Claro que, no solo la presidenta Díaz es más joven y más moderna políticamente que el líder de IULV-CA, también lo es el presidente Escuredo.

Publicado en el diario SUR el 11 de noviembre de 2018

Otro artículo sobre Bolsonaro  

4 noviembre, 2018

Me cuesta entender la política española, y eso que España es mi país y la política es a lo que me dedico desde hace muchos años. De modo que cuando hablo de lo que ocurre en otros países, me siento como si estuviera en una pista de hielo sin haberme puesto unos patines en toda mi vida, como es el caso. Pero como la ignorancia es audaz, y esta mañana del día de Todos los Santos no se me ocurre nada mejor de lo que escribir, compartiré con la infortunada lectora, o lector, de esta columna dominical algunas inquietudes de las muchas que me produce la victoria del señor Bolsonaro.

 

Sucede en Brasil lo mismo que ocurrió hace un par de años con la elección de Donald Trump en Estados Unidos. El presidente Trump tuvo una ventaja decisiva entre varones blancos y de clase media, y esa ventaja es la que ha tenido también Bolsonaro. Seguramente la explicación de por qué los hombres preferían al candidato machista y homófono sea la más sencilla, pero no es la que necesitamos. Porque lo cierto es que no todos los hombresnorteamericanos votaron a Trump, ni todos los brasileños han votado a Bolsonaro. Lo que necesitamos explicar es una ventaja relativa, concretamente por qué uno de cada dos hombres brasileños declaraban en las encuestas preelectorales sus preferencias por Bolsonaro y solo uno de cada tres hombres las declaraban por Haddad.

 

De igual modo podemos decir que la mayoría de las mujeres brasileñas preferían a Haddad frente al machista Bolsonaro, pero haríamos mal en tranquilizarnos, porque esa “mayoría” de mujeres que declaraban sus preferencias por Haddad en las encuestas anteriores a la segunda vuelta era del 40%, frente a la “minoría” del 39% que prefería a Bolsonaro. Lo bueno de las encuestas, y también lo malo,es que suelen rompernos los esquemas mentales con los que entendemos el mundo. Por desgracia nuestras explicaciones son tanto mejores cuanto menos tienen que ver con la realidad.

 

Desde que empecé a estudiar Sociología, allá por 1977, un buen número de mis profesores y colegas de la izquierda me han explicado que cuando las cosas van mal, los pobres, los excluidos, los de abajo, porque los nombres van cambiando con las décadas, son los interesados en un cambio revolucionario, y que los explotadores, opresores, o los de la casta y los de arriba, que es como se llamaban hasta hace unos meses, son los menos interesados en la revolución. Sin embargo, algo no encaja, porque, ya sea en Estados Unidos o en Brasil, o en otros lugares más cercanos aunque no necesariamente más inteligibles, como Italia y España, las encuestas electorales nos muestran que quienes tienen niveles más altos de estudios e ingresos tienden a votar, en mayor proporción que quienes tienen niveles más bajos, a los líderes que están dispuestos a hacer saltar el sistema político por los aires. 

 

A veces tengo la impresión de que una parte de la izquierda todavía no se ha dado cuenta de este desencuentro entre la teoría y la realidad, y lo peor es que están creciendo, el desencuentro y esa izquierda. Y con ellos, los Bolsonaro.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 4 de noviembre de 2018

De crispadores y misses

28 octubre, 2018

 

Con independencia de la polémica sobre el cambio en el modelo de estimación de voto, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es, sin duda, el mejor instituto de investigación social de nuestro país. Así que, sin necesidad de entrar en el asunto del voto, podemos ver otras interesantes preguntas que ha hecho el CIS en su último barómetro a una muestra representativa de la sociedad española. Por ejemplo, ha preguntado: “Por lo que Ud. sabe, ¿cree que en estos momentos en España hay mucha, bastante, poca o ninguna crispación y tensión política?”. Y un 64% ha respondido que hay mucha crispación, y un 27% que bastante. De modo que, con un pequeño margen de error, podemos concluir que el 91% de la población española cree que la política está, en términos coloquiales, fuera de madre.

 

A la pregunta de quienes son los causantes de la crispación, la respuesta más frecuente es que son los políticos, y a bastante distancia los medios de comunicación. Por supuesto, casi el 90% de los entrevistados están en contra de la crispación. No creo que los entrevistados por el CIS estén muy equivocados en la atribución de las culpas. ¿Quiénes si no los políticos van a ser los mayores responsables de la crispación política? Y, por otra parte, el personal es como Sandra Bullock en “Miss Agente Especial”, todos quieren “la paz en el mundo”. Los problemas vienen cuando entramos en el detalle.

 

El viernes leí un titular de prensa que decía: “Zapatero arremete contra Casado por decir que Sánchez es partícipe de un golpe de Estado y pide “contención” a Torra”. Me extrañó tanto ese comportamiento que leí toda la noticia, y no encontré ninguna expresión que rozara no ya el insulto, sino la más mínima desconsideración del presidente Rodríguez Zapatero hacia el líder del PP. Movido por la curiosidad, busqué en Internet el vídeo de las declaraciones del presidente y no encontré nada más que las palabras que había leído en el cuerpo de la noticia. En sus declaraciones el ex presidente socialista aconsejaba moderar el diapasón, y lo hacía siendo moderado él mismo, con palabras llenas de comprensión y respeto. No había nada que se pudiera asociar con el término arremeter. Ahora bien ¿quién vende una noticia cuyo titular dice “Zapatero aconseja amablemente a Casado hacer una oposición como la que hizo él a Aznar”? ¿Y quién la compra?

 

Lo que sí vi en el pleno del miércoles es arremeter contra el presidente Rodríguez Zapatero a los líderes de los dos partidos de la derecha parlamentaria. Por cierto, ambos bendecidos por el presidente Aznar. Lo hacían porque dicen que no saben lo que hace en Venezuela. Digo yo que podrían preguntarle, porque nunca han llamado al presidente Rodríguez Zapatero para preguntárselo. Nunca. De hecho lo único que ambos pueden saber a ciencia cierta de la actividad de Rodríguez Zapatero en Venezuela es cómo defendió públicamente al presidente Aznar frente al ataque del presidente Chávez, en aquella célebre ocasión en  la que el hoy rey emérito, en defensa de Zapatero, le dijo al líder populista venezolano “¡Por qué no te callas!

Publicado en el Diario SUR, el 28 de octubre de 2018.