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Más que una misa

15 septiembre, 2019

 

En 1959 los socialistas alemanes, allí se llaman socialdemócratas, celebraron un congreso en Bad Godesberg, un distrito de Bonn, en el que renunciaron a la vía revolucionaria de acceso al poder y antepusieron la democracia al socialismo. Veinte años después, y no sin un buen trauma, los socialistas, que es como se llaman los socialdemócratas en España, hicieron lo mismo. Después de haberlo comprendido, y olvidado varias veces, la parte más numerosa de la izquierda europea, llámense socialistas, socialdemócratas o laboristas, entendió que el gobierno se puede ganar en unas ocasiones y perder en otras, y es fastidiado cuando se pierde, pero tiene arreglo. Lo que tiene peor pronóstico es la pérdida de la democracia. Y no de cualquier democracia, sino de la que nace de la matriz republicana y liberal, es decir, de la democracia representativa, parlamentaria, con separación de poderes y Estado de derecho. Si una legislatura se carga la política de becas, es una desgracia que puede arreglar la siguiente, pero si se carga el parlamento y lo sustituye por la relación directa entre el pueblo y un líder carismático, es una tragedia de muy difícil arreglo.

 

Es verdad que hay otra izquierda, aunque no más a la izquierda, que está convencida de que hay fórmulas para conquistar el gobierno para siempre, porque los buenos, los justos y caritativos, deberían tener siempre el poder. Para esa izquierda la democracia parlamentaria es una compañera de viaje hasta que una crisis, grande y gorda, les permita rodear el Congreso y sustituirlo por otra cosa más segura (para ellos o ellas).

 

A diferencia de esa izquierda que al llegar a las instituciones promete la Constitución por imperativo legal, cuando los socialistas prometen la Constitución no lo hacen añadiendo ninguna coletilla, ni cruzando los dedos en la espalda. Lo que no quiere decir que no estén dispuestos a cambiarla, y de hecho la han cambiado, pero siempre por los procedimientos que la Constitución establece. Porque hace mucho tiempo los socialistas europeos comprendieron que desde un ministerio se puede mejorar la vida de la gente más eficazmente que desde las nubes, comprendieron que la vía de las reformas es mucho más rápida y eficaz que la vía de las revoluciones, y comprendieron que se puede perder el gobierno, pero nunca las reglas democráticas que les permiten acceder pacífica y legítimamente al mismo.

 

Unidas Podemos ha pasado en nada de tiempo de rodear el Congreso a instalarse en sus escaños, de la épica de las calles y las plazas a desear la prosa gris del Boletín Oficial del Estado, de apoyar el derecho de los ciudadanos de Cataluña a decidir su futuro y, de camino, el de todos los españoles, a olvidarse del asunto a cambio de unas cuantas carteras ministeriales. Una vicepresidencia bien vale una misa, piensan ahora. Quienes hemos sufrido su antipatía, nos alegramos de su conversión, pero todos los creeríamos más si hicieran un gesto, porque un acto valdría más que todas sus actuaciones.

Publicado en el diario SUR el 15 de septiembre de 2019.

Explicación detallada

8 septiembre, 2019

 

Al poco tiempo de fundar Google, sus creadores decidieron venderlo por algo menos de un millón de dólares, pero al posible comprador le pareció que el precio era caro y se deshizo la operación. No cabe duda de que los fundadores de Google han demostrado ser personas de una gran inteligencia, pero tampoco cabe dudar de que han tenido mucha suerte. Si aquel día hubieran vendido, probablemente la historia de Internet y, por supuesto, la de los creadores de Google, habría sido muy distinta.

 

Leo esta anécdota, que ya había olvidado, en el famoso libro de Daniel Kahneman, ‘Pensar rápido, pensar despacio’,  mientras preparo mis clases del próximo curso. Kahneman la usa para hacernos ver el importante papel del azar en nuestras vidas, y nuestra tendencia a olvidarnos del papel de la suerte para sustituirlo por narraciones coherentes, elaboradas a toro pasado, que hacen hincapié en la creatividad, la astucia y el trabajo de los protagonistas.

 

Estos días escucho en las tertulias mediáticas muchas explicaciones sobre el desenlace del presente capítulo del serial político: ¿habrá gobierno o habrá elecciones? Los analistas más avezados, en lugar de las tripas de las aves, miran la cara de los negociadores, pero vienen a decir lo mismo. Sobre lo que sí hay abundantes explicaciones es sobre las razones que nos han traído a esta situación y, dependiendo de la creatividad del analista, casi todos suelen concluir que si hemos llegado a esta situación es porque es la que querían unos, otros, o todos, en función de las filias o fobias de cada cual.

 

Lo cierto es que a poco que pensemos descubriremos que estamos aquí, como siempre, por una mezcla de azar y necesidad que la noche del 28 de abril resultaba bastante impredecible. Si, por poner un ejemplo, Unidas Podemos hubiera aceptado la oferta que le hizo el PSOE en julio, ahora el tema de conversación sería otro. ¿Por qué Unidas Podemos no aceptó aquella oferta? A estas alturas seguro que encontraremos a más de un comentarista que dirá: “porque el PSOE quería que hubiera nuevas elecciones”. Y hasta es posible que algunos se traguen la explicación sin pestañear, sobre todo si ya estaban previamente convencidos.

 

Ayer me decía un amigo, un hombre culto y experimentado, que él estaba convencido de que el PP se iba a abstener en la investidura del candidato del PSOE al Gobierno de España hasta que los socialistas se hicieron con el gobierno de Navarra. A mi amigo le daba igual que el PP haya dicho, por activa y por pasiva, que no se va a abstener en ninguna circunstancia. Pero los hechos, la lógica, tampoco son tan importantes si él ya tiene la explicación de la realidad que más le tranquiliza, que es la que salva a la derecha.

 

Cuando envío esta columna las delegaciones negociadoras de Unidos Podemos y PSOE no han llegado a ningún acuerdo, pero permanecen reunidas.  Sin embargo, cuando la amable lectora, o lector, estén leyendo estas líneas, seguro que ya habrá mucha gente capaz de explicar por qué el resultado final de la negociación era inevitable.

 Publicado en los diarios Sur y El Correo el 8 de septiembre de 2019

Nada nuevo bajo el sol del verano

1 septiembre, 2019

 

Al volver a casa de vacaciones encontré en el correo un sobre con un libro de mi profesor de Historia de las Ideas y las Formas Políticas, Juan Trías Vejarano, titulado ‘Del antiguo régimen a la sociedad burguesa. El cambio de visión de Bodino a Hobbes’. El libro venía con una cariñosa dedicatoria en la que el profesor Trías recordaba “un curso estupendo en el aula del jardín de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, sita en el campus de Moncloa”. Han pasado cuarenta y un años desde entonces, pero el libro y la dedicatoria de Juan Trías me trajeron el recuerdo vívido de aquel curso, del aula del jardín, de la cafetería y de algunos de mis más queridos compañeros de promoción, como mi inseparable Enrique Martínez Marín, las también inseparables Mamen Sendino Sánz y Carmen Navarro Felipe, Fernando Santiago Ceballos, Pedro Cordero Quiñones, todos tan brillantes, y tan jóvenes en mi recuerdo.

 

Juan Trías nos hizo leer a los grandes del pensamiento político y, sobre todo, nos enseñó a pensar a nosotros. Salíamos de clase llenos de entusiasmo y de curiosidad, dispuestos a discutir de todo y con todos, y buscábamos en los libros una ventaja para el combate. Creo que aquel año dediqué a su asignatura más tiempo que a todas las demás juntas, discutí de política con los campesinos griegos y con Aristóteles, con los príncipes italianos del Renacimiento y con Maquiavelo, con los comerciantes ingleses y con Locke, con los capitalistas manchesterianos y con Marx, y siempre con Enrique Martínez, que unas veces hacía de Weber y otras de Marx, según fuera necesario revivir a uno u otro para nuestro entrenamiento. Porque queríamos saber toda la teoría política del mundo.

 

Con los años he llegado a la conclusión de que, en realidad, todo el mundo sabe mucha teoría política. Es más, creo que la diferencia más relevante entre unas personas y otras no estriba tanto en la cantidad de la teoría política que saben, sino a quién se la atribuyen. El mundo se diferencia entre las personas que, cuando discuten de política, saben qué pensadores hablan a través de ellas, y las personas que piensan que todo lo que dicen se les ha ocurrido a ellas por primera vez.

 

Leyendo las declaraciones de algunos dirigentes políticos de Ciudadanos sobre la marginación de las mujeres en la configuración del gobierno de la Comunidad de Madrid, o sobre la crisis de los refugiados, me pregunto si quienes las han hecho pensarán que se les han ocurrido a ellos por primera vez, o si sabrán a la lamentable tradición a la que esas ideas pertenecen. Estigmatizar a ministras socialistas, solo por el hecho de ser mujeres, presumir de querer acabar con los impuestos, o mofarse de quienes mueren tratando de huir de la pobreza, no son ideas originales en el (por llamarlo de algún modo) pensamiento político, y desde luego no pertenecen ni al ideario de la socialdemocracia, ni al del liberalismo rawlsaiano. Los impecables, e implacables, padres intelectuales de Ciudadanos deberían saber a estas alturas de quién es el huevo que han incubado.

Publicado en el diario SUR el 1 de septiembre de 2019

Su propio error

28 julio, 2019

 

Quizá el problema está en que todo el mundo da por hecho que las dos izquierdas tienen necesariamente que entenderse y que ese entendimiento es algo sencillo. Claro que, si todo es tan fácil, ¿por qué hay dos izquierdas? Porque lo cierto es que desde hace más de un siglo compiten entre sí, a veces muy duramente, dos formas de entender el proyecto de emancipación que significa la izquierda.

 

Apenas hace dos años, el señor Monereo, uno de los inspiradores del proyecto de Unidas Podemos (UP) declaraba: “Mi tarea es contribuir con mi granito de arena a combatir el régimen político andaluz instaurado por el PSOE”. Ahora lloramos juntos, socialistas y comunistas, al ver cómo la derecha, una y trina, desmonta los logros sociales y las libertades conquistadas con tanta dificultad. Aunque quizá no todos lo lamentamos igual, quizá la izquierda de tradición revolucionaria confía en que del daño que produzcan los gobiernos de la derecha surja la fuerza imparable de los justos de la tierra, que les permita asaltar, al fin, los cielos.

 

En general, cada vez que los socialistas se encuentran con dificultades, la derecha encuentra una gran ayuda de la izquierda de tradición comunista y revolucionaria. Así ocurrió cuando, aliados con el señor Aznar, tumbaron al gobierno socialista de Felipe González en los primeros noventa. En mayo de 2011, cuando el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero se enfrentaba a la mayor crisis del capitalismo de los últimos noventa años, los jóvenes comunistas salieron a las calles y las plazas de España a quejarse de las políticas de los socialistas. Su movimiento concluyó con una abrumadora victoria electoral de la derecha. Total, comparada con la promesa de los cielos, la diferencia entre un gobierno de la derecha y otro de los socialistas, resulta despreciable para la tradición comunista revolucionaria.

 

Es verdad que en 2016 el señor Iglesias hubiera preferido un gobierno de coalición entre el PSOE y UP apoyado por los separatistas catalanes y (vice)presidido por él mismo, aunque la estabilidad de ese gobierno quedara encadenada a la conveniencia de los separatistas. Cuando los socialistas intentaron una coalición con Ciudadanos (Cs), UP votó en contra y forzó nuevas elecciones. Como a su juicio el gobierno de PSOE y Cs no era el mejor de los posibles, decidió que tuviéramos el peor de los posibles. Porque Iglesias pertenece a una tradición política que siempre ha puesto su esperanza en agudizar las contradicciones del sistema, en tanto que los socialistas la han puesto en resolverlas.

 

Obviamente no es así como explican sus diferencias con los socialistas Iglesias y sus compañeros. “Ustedes – le decía el señor Iglesias al presidente Sánchez el lunes pasado en la sesión de Investidura- han hecho muchas cosas, y cosas buenas, pero sean humildes, si no fuera por sus errores, nosotros no estaríamos aquí”. Con toda humildad yo no creo que los comunistas, con sus diversos nombres, sean un error de los socialistas, sino, como todo el mundo, fruto de sus propios errores. Y ahora a cooperar con claridad y respeto.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 28 de julio de 2019

Explicación de voto

21 julio, 2019

 

Llegamos a la semana decisiva en la formación de gobierno. Sin duda los votos con los que salga elegido el presidente Sánchez son un elemento fundamental, pero no es el único. También es importante la interpretación mayoritaria que la sociedad española dé a esos votos. Porque una parte de lo que ha venido pasando desde las elecciones tiene que ver, precisamente, con esta última cuestión. Para la derecha resulta un objetivo estratégico poder explicar la elección de Pedro Sánchez como el precio por la entrega del gobierno a Unidas Podemos y, lo que todavía es más importante, de la unidad de España a los separatistas.

 

De modo que, con  independencia de qué se negocie, si se negocia, y con quién se negocie, la derecha tiene preparada su explicación: los socialistas han cambiado España por un plato de lentejas. Todo lo que sea que los separatistas y Unidas Podemos no voten en contra del PSOE, será interpretado y gritado a los cuatro vientos como traición. Porque el increíble objetivo político de la derecha desde tiempos del presidente Aznar no ha sido otro que situar a los socialistas, no ya fuera del consenso constitucional, sino directamente en la anti España.

 

Durante mucho tiempo he dudado que ellos mismos se crean de verdad más españoles que los socialistas, ahora ya no sé que pensar de lo que en verdad creen o dejan de creer, pero, en todo caso, llevan mucho tiempo convencidos de que cuestionar con dureza el compromiso con España y la identidad española de los socialistas les resulta rentable electoralmente, y no han dejado de hacerlo. Y, sin embargo, algo empieza a fallarles en la estrategia. Y no solo son las consecuencias que ha tenido su política de confrontación en el eje territorial, tan bien aprovechada por los separatistas, sino porque el cuento que han contado a la sociedad española sobre los socialistas y sobre ellos empieza a no ser creíble para mucha gente.

 

Hoy más bien, en muchos sectores templados del espectro político, triunfa la idea de que el nuevo gobierno saldrá con los apoyos por activa y/o pasiva de UP y nacionalistas periféricos, porque la derecha, una y trina, ha hecho todo lo posible para que así sea. Bajo toda su retórica nacionalista española solo hay un cálculo muy corto y egoísta. Tan corto que han desperdiciado una magnífica oportunidad de influir en la configuración del proyecto político para España en los próximos cuatro años.

 

Hoy es evidente que el factor más importante que han tenido el PSOE, y su candidato, a la hora de configurar su política de alianzas para formar gobierno, ha sido garantizar la defensa constitucional de la unidad de España. A veces me pregunto qué ocurrirá el día en el que a la derecha ya no le sirva el comodín de la bandera de España y tenga que ofrecer políticas reales, de esas que mejoran la vida de la gente. Y después de esta semana es posible que estemos más cerca. Sin peligro de secesión, hasta el nuevo partido de la derecha terminará pidiendo que se aumenten las partidas para becas, o desapareciendo. Algo que debería comprender, también, cierta izquierda.

 Publicado en el diario SUR el 21 de julio de 2019

Infeliz coincidencia

14 julio, 2019

 

Dice el señor Casado que el PP no está para resolverle los problemas al PSOE, y tiene razón. Para un socialista es muy halagador que el líder de  la derecha confunda al PSOE con España. Ya lo decía el presidente Rodríguez Zapatero: el PSOE es el partido que más se parece a España. Casado ha dado un paso más. En todo caso, lo que sí esperamos todos de Casado y su partido es que ayuden a resolver los problemas de España, al menos tal como ellos los perciben.

 

¿Qué puede hacer el partido del señor Casado con sus actuales fuerzas, y en coherencia con sus preferencias políticas e ideológicas, para beneficiar a España o, en su defecto, para evitarle males mayores? Si no lo he entendido mal, que es probable, la derecha está convencida de que lo peor que le puede ocurrir a España es un gobierno en coalición del PSOE y Unidas Podemos con el apoyo parlamentario del separatismo catalán. Para evitar ese mal basta con que se abstengan, y así el presidente Sánchez no tendría que negociar nada con los separatistas. Aunque más que una negociación inexistente con los separatistas, lo que evitarían sería un bloqueo en la investidura, y sería bueno.

 

El siguiente peor escenario para España a ojos de la derecha sería una coalición del PSOE con UP aunque fuera sin el apoyo de los separatistas. En mi opinión, en una situación de bloqueo en la investidura del presidente Sánchez, el PP debería abstenerse sin condiciones, tal como hicimos los socialistas en la investidura del presidente Rajoy, pero lo cierto es que Casado podría evitar el escenario de un gobierno de coalición entre PSOE y UP poniéndolo como condición para su abstención. Lo que llevaría a UP a tener que elegir entre un gobierno de izquierdas, del que ellos no formarían parte como ministros, o el bloqueo del sistema. Lo que no es muy esperanzador.

 

Porque el problema es que ya en 2016 el señor Iglesias se convenció de que, vista la dificultad de asaltar los cielos, lo fundamental es conseguir un ministerio, y eso significa, entonces y ahora, el apoyo de los separatistas catalanes. Los socialistas estábamos convencidos ya entonces de que un gobierno así no es viable, y por eso intentamos el pacto con Cs, pero Iglesias rechazó ese acuerdo y prefirió un gobierno presidido por Rajoy a uno presidido por Sánchez sin él dentro. El destino del gobierno que nació de la moción de censura demostró que el señor Iglesias está equivocado y los socialistas tenemos razón, no hay gobierno viable con el apoyo de los separatistas. Pero, por desgracia, un gobierno del PSOE con el apoyo de los separatistas catalanes es la única fórmula que le permitiría al señor Iglesias sentarse de manera inmediata, aunque breve, en el Consejo de Ministros. Por cierto, esa misma fórmula también les facilitaría el acceso al Gobierno a los señores Casado y Rivera, aunque tengan que esperar un poco más. Tanto Casado (y Rivera) como Iglesias necesitan, para llegar al Gobierno, que el PSOE dependa de los separatistas catalanes. Una infeliz coincidencia para el PSOE y, sobre todo, para España.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 14 de julio de 2029

Franco sigue muerto

7 julio, 2019

 

Hace poco leí un libro de un profesor de Harvard, Seth Stephens-Davidowitz, titulado Todo el mundo miente. Según este autor, cuando expresamos nuestras opiniones ante nuestros amigos, o en las redes sociales, o ante un encuestador, tendemos a dar una buena imagen de nosotros mismos más que a contar la verdad. Sostiene nuestro autor que, sin embargo, hay alguien a quien no le mentimos nunca: el buscador de Google. Si, en la tranquilidad del hogar, no recordamos a qué hora es el partido entre el Madrid y el Barcelona, le preguntaremos a Google el horario del partido, y no la hora a la que empieza Il Trovatore en el Teatro Real para impresionar al buscador con nuestros gustos culturales. Preguntar a Google sobre los intereses de la gente puede ser mejor que preguntarle a la gente directamente.

 

En las encuestas del CIS casi el 90% de los entrevistados respondemos que estamos a favor de la democracia y en contra de la dictadura, pero ¿cuánta gente, en un momento de intimidad, se dice, “qué será de Franco”, y le pregunta a Google por él? Inquieto por las recientes declaraciones del nuncio sobre la resurrección de Franco, me he puesto a emular a Stephens-Davidowitz y he mirado en Google Trends la evolución de las búsquedas de Franco. Obviamente esas búsquedas no significan necesariamente añoranza del dictador, pero algo nos dicen sobre el interés que provoca.

 

Por ejemplo, desde enero de 2004, que es el primer dato que nos ofrece Google, el momento en que más búsquedas se realizaron sobre Franco fue en noviembre de 2005, con motivo del treinta aniversario de su muerte. Si a las búsquedas de Franco durante ese mes le damos un valor 100, la media a lo largo de todos estos años es 28. En agosto del año pasado hubo una subida hasta un valor 77, debida a la polémica de su exhumación, que según el nuncio habría provocado su resurrección, para bajar rápidamente a un 27. No parece que la cosa se haya desmadrado.

 

Busquemos algunos términos de comparación. En relación con el valor 100 de las búsquedas sobre Franco en 2005, el momento de mayores búsquedas sobre el rey Juan Carlos, con un valor de 128, fue en junio de 2014 coincidiendo con su abdicación. La media de búsquedas de Juan Carlos I desde 2004 hasta hoy, con un valor de 16, es más baja que la de Franco. Si saltamos de la liga de los Jefes de Estado a la otra, en comparación con el 100 de Franco y el 128 de Juan Carlos I, Lionel Messi tiene su record en abril de 2007, con un 172, y su media de búsquedas a lo largo de los años es de 55. Efectivamente Messi juega en otra liga. ¿Y con quién comparamos a Messi? Es obvio, con Dios. A diferencia de los tres anteriores, las búsquedas de Dios en Google en España no tiene grandes picos, son más constantes, pero su media, con un valor de 83 en nuestra escala, está por encima de los otros, incluido Messi.

 

En fin, creo que si el nuncio le da estos datos, el papa Francisco tendrá una imagen más realista de la sociedad española. Y, además, estará bastante contento, como papa y como argentino. Por lo demás, Franco sigue muerto, como de costumbre.

 

Publicado en el diario SUR el 7 de julio de 2019