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Un día en el Hemiciclo

17 febrero, 2019

 

En el Congreso hay días y días. Los hay que no ves el momento de abandonar el Hemiciclo para liberarte de una sucesión de discursos sin alma, y otros que no te mueves del escaño para no perderte ni ripio. El martes pasado fue de los segundos. Una vez más todo lo que ocurrió tuvo mucho que ver con el juego de las expectativas. Y eran muchas las depositadas en los líderes de la derecha, que ya habían defraudado bastantes tan solo cuarenta y ocho horas antes, cuando pinchó lo que debió ser la más grande manifestación que vieron los tiempos en la plaza de Colón de la capital de España, y se quedó en la décima parte de lo esperado.

 

Y es que ya han convocado tantas veces en falso a los “españoles de bien” para salvar a la familia, en unos casos, a las víctimas del terrorismo en otros, y a España en todos los demás, que hasta la mayoría de sus votantes han tenido pereza. Lo cual es muy grave, porque nunca debería darnos pereza acudir a socorrer a la patria, la familia, o las víctimas del terrorismo, cuando estén en peligro. Salvo que sepamos que la alarma es solo un simulacro, y eso es lo que debieron pensar nueve de cada diez “españoles de bien” que ya habían acudido a anteriores simulacros, y que el domingo pasado se dijeron: “total, entre tantas banderas, nadie va a notar que no he ido”. Y, tuvieron que poner en las redes el vídeo de una manifestación anterior, porque esta no daba la talla.

 

Tampoco el martes los líderes de la derecha tuvieron su mejor día parlamentario. Obviamente de lo que menos hablaron fue de presupuestos y de lo que más de Cataluña, y en todas partes los estaba esperando la ministra de Hacienda con una esgrima, de la mejor escuela andaluza, rápida y eficaz. Si el lance era sobre el secesionismo, ahí estaba la ministra Montero recordando que el referéndum y la declaración de independencia se produjeron con un gobierno de la derecha al que los socialistas acudieron a ayudar. Si sobre el milagro económico del PP, ahí estaba ella recordando que ese milagro está ahora en la cárcel. Fue ese el momento en el que el líder del PP fue lanzado a una órbita que hubiera obligado al ministro Duque a ponerse su traje de astronauta, de haber querido rescatarlo, que no quería, porque, viéndolo levitar en su escaño, yo creo que el ministro Duque no se lo había pasado tan bien desde la primera vez que viajó al espacio exterior.

 

Decían los griegos que los dioses castigan a los hombres cumpliendo sus deseos. En las tragedias clásicas, una fuerza terrible lleva a los seres humanos a realizar acciones que los abocan al desastre, sin que puedan evitarlo. Uno a uno, los portavoces de los grupos que han alentado el enfrentamiento en torno a la cuestión nacional desde un extremo y otro, y a los que nada les conviene una convocatoria anticipada de elecciones generales, subían a la tribuna del Hemiciclo a hacer todo lo posible para que tuviera lugar inmediatamente, y lo lograron. Luego, bajaban de la tribuna con la cara de quien despierta de una pesadilla en mitad de un naufragio.

Publicado en el diario SUR el 17 de febrero de 2019

A Colón a ver a Julia  

10 febrero, 2019

El republicanismo, que es un ideal de virtud cívica, exige estar dispuesto a defender a la patria con las armas, sacrificando tu vida si es menester. Así que, por patriotismo republicano, el mismo de Cicerón, hice la mili en lugar de hacerme objetor de conciencia como muchos de mis amigos. Me tocó hacerla en el Regimiento de Artillería Lanzacohetes de Campaña de Astorga (León), allá por los años 1983 y 1984. Tuve la fortuna de caer bajo el mando de un buen capitán, que supo ver mi compromiso con la patria por encima de mi ineptitud en los ejercicios de tiro, pero tengo muchas dudas de que aquel año mi vida fuera muy útil militarmente a España. Posiblemente lo fuera vitalmente para algunos chicos que nunca habían salido de su casa, aunque creo que esa función la cumple mejor, y más productivamente para los jóvenes y para España, un año de Erasmus.

 

Doce años después de licenciarme, tras las elecciones generales de 1996, el líder de los nacionalistas catalanes, Jordi Pujol, le exigió al señor Aznar, entonces candidato a la presidencia del Gobierno de España, la supresión del servicio militar obligatorio a cambio de votar su investidura. Pujol obtuvo lo que pedía, y en catalán, por supuesto. Para ser justos, Aznar no le hizo a Pujol esa concesión porque sea un pacifista convencido. En aquellos años ya existía un amplio consenso en que la evolución tecnológica y el tipo de amenazas a las que debía hacer frente nuestro país aconsejaban la profesionalización de nuestra defensa. De modo que Aznar le concedió a Pujol algo que los españoles debíamos hacer de todos modos. Es verdad que Pujol no lo pedía por eso. Seguramente pensaba que las guardias a las tres de la mañana con la nieve a la altura de las rodillasreforzaban el amor a España de los mozos catalanes, y quería quitarles la tentación. Sin embargo, en eso estaba tan completamente equivocado como cualquier gilipollas que piense lo mismo. Según la encuesta preelectoral del CIS de las elecciones de 2017, un 25% de los catalanes que tienen entre 55 y 64 años, es decir, los que fueron a la mili, se consideran exclusivamente catalanes sin pizca de identidad española, frente a un 24% de los que tienen entre  25 y 34 años, es decir, que hacer la mili, o no hacerla, no marca la diferencia generacional a la hora de sentirte exclusivamente catalán. Claro que esto no lo sabía Aznar cuando cedió ante Pujol. 

 

No quiero pensar la que hubieran organizado en la plaza de Colón de Madrid los señores Abascal, Casado y Rivera, si un presidente socialista hubiera pactado con un nacionalista la supresión del servicio militar obligatorio. Lo que hoy está en peligro no es la unidad de España, sino la convivencia entre los españoles de una región de España que es Cataluña. Sin duda, la mayor responsabilidad en el problema, no la única, la tienen los independentistas, pero, desde luego, si alguien estáen la parte de la solución son los socialistas. De modo que si hoy merece la pena ir a Colón es a ver a Julia, la maravillosaescultura del artista barcelonés Jaume Plensa y no a hacerlesel juego a estos tres.

 

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 10 de febrero de 2019 

 

No dispare al poeta

3 febrero, 2019

 

Hay una película, “Noche en el museo”, que cuenta la historia de un vigilante nocturno que se encuentra con el caos producido por los animales y personajes de un museo al cobrar vida por la noche y salirse de los dioramas para liarla parda. Algo así debió inspirar al periodista alhaurinoJesús Castillo, cuando decidió sacarnos de la página que compartimos en el SUR de los domingos, e invitarnos en torno a una mesa del Centro de la Mujer de Alhaurín de la Torre, a Pedro Moreno Brenes, Joaquín Ramírez y a mímismo, a conversar sobre el oficio de columnista. Nos moderaba y nos ayudaba a salir de nuestros soliloquios Txema Martin, nuestro joven y brillante crítico cultural, que consiguió que el acto fuera ameno para todos. Cuando terminamos nos fuimos a cenar y contarnos anécdotas divertidas,  y luego Joaquín nos trajo a Málaga en su coche a Pedro y a mí, mientras seguíamos la conversación. En la película al amanecer se agotaba la magia y los personajes escapados del museo que no habían vuelto se convertían en polvo. Y aunque nos retiramos a una hora muy prudente, al meterme en la cama descubrí que empezaba a estar hecho polvo. Ya en mi columna, desde aquí no puedo ver a mis dos vecinos y amigos, pero espero que estén cada uno en la suya sanos y salvos, y les mando un saludo.

 

Uno de los temas que nos planteó Txema fue cuándo y dónde escribimos la columna, y en qué nos inspiramos. Joaquín y Pedro dijeron que normalmente los sábados por la mañana, yo suelo escribirla los viernes, aunque esta la estoy escribiendo el sábado. En cuanto a la inspiración, las respuestas resultaron bastante más confusas y dispares. Quizá por la costumbre me vino la inspiración de esta columna de hoy el viernes, mientras participaba como representante del PSOE en el debate en la Comisión de Exteriores del Congreso sobre los presupuestos del Instituto Cervantes para 2019. La sesión transcurría pacífica y tranquila hasta que una joven diputada del PP le preguntó al director del Cervantes, el poeta y catedrático Luis García Montero, por los criterios que van a regir en las contrataciones y “si se va a pedir el carnet del PSOE, o dado su perfil, se va pedir el carnet de IU, de Podemos, o ahora que está más de moda, alguien que pertenezca a la plataforma de Errejón o Carmena”. Lo que suponía, en lugar de una crítica, un juicio de intenciones con más mala baba que ironía.

 

En su turno, el director del Instituto Cervantes, respondió cumplidamente a las preguntas de todos los portavoces parlamentarios. Y dejó para el final esta respuesta: “en cuanto a los nombramientos, desde que llegué solo he sustituido a una persona, el secretario general, con el que tengo una relación cordial y que es un afiliado del PP, ha sido diputado del PP y miembro del Comité Ejecutivo del PP, y lo he cambiado por una mujer que es técnico del Estado y que no tiene ninguna adscripción partidista”. 

 

La diputada falló en el navajazo al honor del poeta, el poeta acertó plenamente en la estocada a la inteligencia política de la diputada, y eso a pesar de su tamaño ese día. 

 

 Publicado en el Diario SUR el 3 de febrero de 2019

No aprendemos

27 enero, 2019

 

Hay algo bueno en que las cosas malas se nos olviden pronto, y algo malo también. Después de vivir una situación traumática lo que más deseamos es olvidarla y poder seguir viviendo nuestra vida sin grandes sobresaltos. Es normal que demos por supuesto el bienestar, sobre todo cuando lo disfrutamos durante un largo periodo de tiempo, pero no está tan claro que el bienestar sea el estado del mundo por omisión, y justo eso es lo que se nos olvida. Porque, en general, hay que currarse mucho el bienestar personal, y el de todos, si es que eres lo suficientemente listo como para darte cuenta de que el bienestar de todos suele ayudar bastante al tuyo.

 

En estos últimos tiempos algunos analistas se muestran muy sorprendidos de que haya reaparecido algo que antaño se bautizó como franquismo sociológico, como si alguna vez hubiera desaparecido. Lo cierto es que siempre estuvo ahí, generalmente integrado en las filas del PP. Se supone que si usábamos el término franquismo sociológico, en lugar de franquismo a secas, es porque necesitábamos distinguir entre unos cuantos centenares de nostálgicos que cada 20N se congregan en la Plaza de Oriente o en el Valle de los Caídos con sus banderas y correajes, de un número bastante más grande de personas que han seguido ligadas en sus emociones y en sus valores a la dictadura del general Franco. De hecho en una encuesta que realizó el CIS en 2008 con motivo de la llamada Ley de la Memoria Histórica, un 35% de las personas entrevistadas se mostraba más bien de acuerdo con la frase: “Durante el franquismo había más orden y paz que ahora”. Es verdad que la respuesta variaba con la edad. Entre los mayores de 65 años el acuerdo llegaba al49%, y entre los de 18 a 24 años, el acuerdo se quedaba en el 25%. Muchas de la personas que contestaban favorablemente podrían integrarse en el franquismo sociológico, aunque no en el franquismo político, pero qué duda cabe de que el primero siempre estuvo ahí para nutrir al segundo en el momento oportuno, que siempre es el más inoportuno.

 

Aunque para inoportuna, una incierta izquierda, que por decirlo con una metáfora seguramente exagerada, justo en el momento en que constata que se está produciendo una invasión extranjera, se mete en una guerra civil. Sus líderes sin andarse con disquisiciones sobre si se trata de la derecha ultra o extrema, tocan a rebato contra el fascismo, eso sí, se ven tan fuertes, que para la tarea les sobra no solo la derecha democrática liberal sino, por poner un ejemplo, todo el socialismo andaluz, al que consideran traidor, o directamente todo el socialismoespañol, para qué van a andarse con remilgos. Por si fuera poco, justo en puertas de unas elecciones decisivas, se meten en una batalla campal entre ellos mismos. 

 

En estas cosas pensaba yo el martes pasado en el escaño, mientras escuchaba a los portavoces de Unidos Podemos explicar que se oponían a la convalidación de algunos Reales Decretos del gobierno socialista, por responsabilidad y para que los socialistas aprendamos. Y es que no aprendemos. 

 Publicado en los diarios SUR y el Correo el 27 de enero de 2019

En los pañales del otro

20 enero, 2019

 

Una de las cosas buenas y malas de la condición humana es que nos olvidamos constantemente de su carácter menesteroso. Hoy, por ejemplo, estás despotricando contra la presencia de inmigrantes en nuestro país y mañana unode ellos, joven y fuerte, te está diciendo solícitamente:“abuelo Santiago, acompáñeme, que le voy a cambiar el pañal”. Es curioso, cuando tienes cuarenta años, que es más o menos la edad media de nuestros nuevos líderes nacionales, esa idea, la de que alguien te va a cambiar el pañal ni se te pasa por la cabeza, pero veinte años más tarde la idea en cuestión pasa cada vez temporadas más largas en tu pensamiento. Y eso si duras, claro.

 

Los pañales dan una perspectiva muy relevante de las cosas, la pena es que, en la infancia por unas razones y en la vejez por otra, no te acuerdas de las cosas que has aprendido en pañales. De modo que si queremos entender algo de la vida nos toca hacer el ejercicio de ponernos en los pañales de otro, generalmente de nuestros hijos o de nuestros padres, antes de que nos tengamos que poner en nuestros propios pañales y ya sea tarde. Y lo primero que se aprende es que somos muy vulnerables por enemigos comunes a todos, y que por muy fuerte, muy joven y muy listo que seas, la enfermedad y la vejez están esperándote en un recodo del camino que no puedes imaginar, para fastidiarte justo cuando pensabas que era el momento de disfrutar de las cosas sencillas de la vida. 

 

Siento que a lo largo de mi vida como parlamentario me he visto demasiadas veces envuelto en debates que se me antojaban absurdos, como despenalizar las injurias a España, en lugar de discutir, por ejemplo, sobre nuestra estrategia como país para combatir el cáncer o la enfermedad de Alzheimer. Obviamente despenalizar las injurias a España no ha sido nunca una iniciativa de mi grupo parlamentario, pero basta con que alguien la plantee en su cupo de iniciativas para que todos los demás nos hayamos visto en la tesitura de fijar la posición de cada uno de nuestros partidos. De modo que te tienes que dedicar a esos asuntos en lugar de a otros que son los que te llevaron a dedicarte a la política.

 

En abril de 2006, cuando el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó el proyecto de la llamada ley de la dependencia, su presidente, tenía 45 años, y el ministro y la secretaria de estado competentes en el asunto, respectivamente Jesús Caldera y Amparo Valcárcel, tenían 47. Un proyecto que, por cierto, habían concebido unos años antes, en la oposición, de modo que resulta evidente que la juventud no te impide entender algunas cosas, como los años no te garantizan la comprensión de otras. El presidente Kennedy concibió el proyecto de enviar un americano a la Luna, el sueño del presidente Obama era acabar con el cáncer, y dispusieron de los enormes recursos de su país para esos propósitos. Y ahí tenemos al presidente Trump, tratando de construir la muralla china al sur de los Estados Unidos, cada vez con más seguidores, determinados a levantar muros y fronteras entre nosotros, en lugar de levantar la mirada.

 

Publicado en el diario SUR el 20 de enero de 2019

Ecos

13 enero, 2019

 

¡Qué narices tenéis! No tendrá problemas la sociedad española, para que os hayáis ido a fijar en la ley contra la violencia de género, no habrá asuntos que requieran la atención de representados y representantes, para que hayáisgastado vuestra primera carta en tratar de quitarle protección a las mujeres. Unos tíos tan machotes y mira por donde salís. Ahora va a resultar que sois como la princesa del garbanzo de la política española, anda la leche lo que os quita el sueño, resulta que os sentís discriminados frente a las mujeres, os sentís en desventaja, no sea que a vuestra santa se le escape una bofetada, y el juez no os crea. Normal, con lo que os gusta jugar con las pistolas, quién va a creeros. Puestos a pedir igualdad con las mujeres, podíais haber puesto como condición del pacto con el PP y CS en Andalucía que a igual trabajo igual salario. Ese sí que es un problema que sufre mucha gente, concretamente la mitad de la población, la femenina. Lo de la ideología de género solo es un problema para vuestro cabeza de lista en Andalucía, que todavía está escocido porque sus compañeros jueces lo condenaran por prevaricar, precisamente contra los derechos de una mujer. Mira que hay razones para implicarse en política, pero derogar la ley que protege a las mujeres de la violencia machista linda con lo miserable, por la parte de dentro de la miseria, claro. Fijaos cómo será la cosa que hasta vuestros socios de gobierno in pectore no saben dónde meterse de la vergüenza ajena que les producís y que ya deben sentir como propia. En lugar de ser los primeros en la causa de las mujeres, habéis querido tener el triste honor de ser los primeros en la causa contra las mujeres, y lo habéis conseguido, además de un ridículo bochornoso. 

 

Os estáis luciendo al elegir a vuestros enemigos, desde luego es evidente que a la hora de enfrentaros preferís los molinos alos gigantes, todo bien calculado y sin locura quijotesca que os exima. ¿De qué iban a vivir los que emplean inmigrantes en los mares de plástico de los invernaderos almerienses sin los brazos de esos trabajadores? ¿Vais a ir vosotros patrióticamente a hacer su trabajo para mantener la pureza racial? Cuánto cinismo, pero qué coherencia, sacáis todo el provecho posible a la inmigración, provecho económico explotando a los inmigrantes, y provecho político explotando el miedo y la desconfianza hacia los inmigrantes. Para la economía, os sirven como molinos. Para la política, comogigantes. Cuanto más miedo les metáis en el cuerpo, más barato resulta explotarlos. Qué valientes ¿no? ¡Qué cristianos! Ahora lo llaman fake news, pero mentir para convertir al pobre en delincuente y a las mujeres en brujas no es ninguna novedad, sino una práctica muy española en otro tiempo, que no se corresponde con la España próspera y libre que nos han legado nuestros padres, ni con la España que queremos para nuestros hijos. No sé si tardaremos mucho o poco en verlo, pero la democracia os volverá a poner en vuestro sitio, del que nunca debisteis salir, ridículos ecos de siniestras voces del pasado.

 

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 13 de enero de 2019

Trump y los Reyes Magos

6 enero, 2019

Si dijera que vivimos malos tiempos para la ironía, probablemente Steven Pinker me diría, con razón, que estoy completamente equivocado, porque nunca hubo tantas personas cultas e inteligentes como ahora, y la ironía va de la mano de la inteligencia y la cultura. Ambas las demostró a raudales Thomas de Quincey cuando escribió en El asesinato entendido como una de las bellas artes: «si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo ya no sabe dónde podrá detenerse».

 

Me acordé de la cita de Quincey al leer sobre el escándalo que hace unos días provocó el presidente Trump a raíz de una conversación telefónica que, con motivo de la Navidad, mantuvo con un niño de siete años. En su conversación, el presidente de los Estados Unidos le preguntó al niño si creía en Santa Klaus, a lo que estecontestó afirmativamente. Fue entonces cuando el presidente Trump sintió que era más listo y estaba más enterado que su interlocutor, y no dudó en hacérselo saber, provocando el mencionado escándalo. Y no soy más explícito para no hacer un “spoiler” y fastidiar a mis abundantes lectores de siete años en un día como el de hoy.

 

El caso es que, si eres presidente de la primera potencia del planeta, y comienzas por permitirte oponerte al acuerdo mundial para evitar el cambio climático, pronto no le darás importancia a que los desarreglos en el clima, junto con unas élites políticas deplorables, provoquen graves hambrunas en ciertos países cercanos al tuyo. Y si no te preocupa fastidiarles sus medios vida, tampoco te preocuparás por ayudarles a encontrar otros nuevos. Y de la indiferencia ante el hambre, la pobreza y la violencia que sufren en sus países, pronto pasarás a oponerte a darles trabajo y refugio en el tuyo, para lo cual querrás construir un gran muro que haga imposible que esas personas puedan traspasar tus fronteras. Obviamente, si no te importa su sufrimiento, seguramente te parecerá razonable exigirles a quienes quieren entrar en tu país que paguen ellos mismos la construcción del muro que se lo impida, añadiendo la humillación a las lista de padecimientos de esas personas. Entre los cuales estaráque padres y niños mueran de sed en el desierto. Y, si eres capaz de dejar que los niños mueran en el desierto intentando acceder a tu país, de ahí a desternillarte de risa porque un niño de siete años desconozca la verdadera identidad de Santa Klaus, ya solo hay un paso. Así que no me extraña la escandalera que se ha organizado en Estados Unidos. Porque en ese país probablemente son todos muy lectores de Thomas de Quincey y, como me ha sucedido a mí, seguro que se han dado cuenta de la inmensa pendiente moral por la que se ha debido deslizar el presidente Trump hasta llegar a la iniquidad de burlarse de la inocencia de un niño de siete años.

 

Publicado en el diario SUR el 6 de enero de 2019.